lunes, 7 de diciembre de 2015

Salen a la luz partituras inéditas y crónicas de Modesta Sanjinés

Hace cuatro años, uno de los herederos de Modesta Sanjinés (1832–1887) se acercó al Espacio Simón I. Patiño y le ofreció composiciones escritas a mano por la insigne artista boliviana.
"Recibimos una oferta de venta de obras originales de Modesta Sanjinés, un cuaderno de su obra y algunas otras partituras impresas en París”, recordó Ludmila Zeballos, responsable del Centro de Documentación en Artes y Literaturas Latinoamericanas (Cedoal), de Patiño.
Entonces, Zeballos se contactó con Javier Parrado, a quien le pidió su opinión y que verificara la documentación. Así, una vez que el musicólogo identificó que eran originales, el Cedoal compró el cuaderno y las partituras.
"Esas valiosas obras de la insigne compositora pasaron a ser parte del acervo musical que tenemos en el Centro de Información de Música Boliviana del Cedoal”, agregó Zeballos.
Hoy, después de un arduo proceso de investigación y transcripción de los manuscritos, el Cedoal y el equipo de investigación, integrado por los músicos y compositores Mariana Alandia y Javier Parrado, recuperaron partituras inéditas y crónicas escritas por Modesta Sanjinés sobre sus presentaciones. Esta colección, según los estudiosos, refleja un aspecto poco conocido de la artista.
El resultado de este trabajo será publicado en el libro Modesta C. Sanjinés Uriarte. Música boliviana en partitura, editado por el Espacio Patiño, con la participación de los dos investigadores.

El familiar que ofreció los manuscritos de la artista fue la historiadora Patricia Montaño, quien ya publicó biografías de Sanjinés, y mantenía las partituras en buen estado de conservación. "Ella se quedó con esta obra por herencia y quería que se quede en un lugar donde la gente pueda consultarla, trabajar y tocar la música de su antepasado”, agregó la responsable.
Los descubrimientos


El siguiente paso fue elaborar una investigación sobre las obras, además de la vida de Sanjinés y publicarlas en un libro. Para esta tarea se contactó a Parrado y Alandia.
"Ellos nos dijeron que es una obra muy importante porque Modesta Sanjinés es una de las primeras compositoras bolivianas del siglo XIX. Algunas de las obras que recuperamos son inéditas”, destacó Zeballos.
Para Alandia, también pianista, la recuperación del cuaderno y las partituras representa un gran aporte, porque hasta la fecha existían sólo un par de publicaciones de su creación musical. "Ella hizo dos publicaciones en París, la primera en 1858 y la segunda estimamos que fue en 1881, cuando se fue a París y ya no volvió porque murió allá”, explicó Alandia.
En dichas publicaciones, Sanjinés presentó mazurcas de salón, un tema con variaciones sobre la Canción Patriótica que ahora es el Himno Nacional y el Zapateo Indio.
"Cuando Javier me mostró el cuaderno con los manuscritos nos parecía realmente muy importante hacer la investigación pues ahí mostraba el grado de profesionalismo que tenía, pese a las limitantes que una mujer en el siglo XIX tenía para acceder a una educación profesional en el campo de la música, sobre todo acá”, comentó la pianista.
Durante el proceso de investigación, que duró un año, descubrieron crónicas sobre las presentaciones musicales que Sanjinés hacía en pequeñas audiciones en salones de La Paz.
"Ella era pianista activa. Incluso hay crónicas que narran que ella tocaba junto al presidente (José) Ballivián que era su amigo de la infancia, hacían veladas muy famosas tocando”, comentó Alandia.
Los investigadores también descubrieron que varias de las partituras en el cuaderno están incompletas, lo cual se debe, asegura Alandia, a que Sanjinés no necesitaba escribirlas.
"Ella ya las conocía. Entonces solamente eran esbozos para no olvidarse. Muchas de las obras están como apuntes, porque eran sólo para ella”, acotó.
La pianista también destacó los títulos que Sanjinés le ponía a sus composiciones. "Ella, por ejemplo, menciona los famosos achachilas que ya en esa época se conocían. También tiene una polca mazurca de salón que es La brisa del Uchimachi, montaña sagrada en los Yungas, ella sabía de la importancia ancestral de ese nombre. Tiene otra pequeña mazurca que se llama Recuerdo de los Andes y la más importante fue El Alto de la Alianza, referido a la última batalla en la que participó Bolivia en la Guerra del Pacífico”, acotó.

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