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martes, 12 de marzo de 2019
Lanzan concurso infantojuvenil de murales de temática marítima
En un acto realizado ayer en la Casa del Artista del Ministerio de Culturas y Turismo (MCyT), la Armada Boliviana lanzó el sexto concurso de pintura mural “Juntos por la reivindicación marítima”, en el que podrán participar grupos de cinco estudiantes del nivel primario y secundario con propuestas artísticas alusivas al mar boliviano.
“La Armada Boliviana tiene proyectado realizar este concurso con la intención de fomentar la participación en actividades que apoyen la concientización de la salida al océano Pacífico, que nos corresponde en derecho”, explicó el contralmirante Hernán Darío Crespo, según una nota de prensa del MCyT.
Las inscripciones son gratuitas y están abiertas desde el lunes 11 de marzo hasta el sábado 16 de marzo de 2019 en la Unidad de Comunicación Social del colegio privado naval Héroes del Pacífico, ubicado en la calle Juariste Egüino Nº 400.
El primer lugar obtendrá cinco becas para estudiar inglés en la Escuela de Idiomas de la Armada Boliviana; el segundo lugar ganará una navegación en el buque Mosoj Huayna (para cinco estudiantes) y el tercer lugar, un paquete con productos de los auspiciadores Santillana, San Gabriel, Pil, Tigo, Mi Teleférico, Monopol, La Papelera y otros.
La Armada aclaró que solo se recibirá una propuesta por cada cinco participantes y esta debe ser una idea original, que posteriormente será plasmada en un mural.
lunes, 1 de octubre de 2018
Homenaje a Alfredo La Placa Exposición de ángeles pictóricos
Los talentosos artistas que forman parte del homenaje son Patricia Mariaca, Mario Conde, Fernando Montes, Rubén Perales, Cathy Guibarra y Douglas Rivera, quienes, de forma individual, reinterpretaron a su estilo, la pintura angelical de Alfredo La Placa.
La muestra “Angeles” que se exhibirá en la Galería de Arte UPB de la zona de Obrajes estará compuesta por el trabajo artístico de cada uno de estos exponentes de la pintura boliviana; y dos cuadros de arcángeles del homenajeado, que acompañarán a la obra central de inspiración.
Alfredo La Placa nació en Potosí en 1929. Estudió Medicina y despertó su vocación artística en Italia. Realizó estudios en la Academia de Arte Breda de Milán, Italia. Posteriormente, trabajó en el Taller de Sansón Flexer en el Brasil, dirigió el Museo Nacional de Arte con sede en La Paz (1976). Sus primeras exposiciones fueron en 1955, cuando participó en la III Bienal de Arte de Sao Paulo, Brasil, luego en las bienales en España y México. También visitó Colombia, Argentina, Ecuador y los Estados Unidos y Francia.
Entre sus reconocimientos destacan el Gran Premio en pintura del Salón Murillo con la obra “Dominante en azul” (LP, 1960); Primer Premio en pintura de la UTO (Oruro, 1968); Premio Nacional de pintura para Bolivia, otorgado en Cagnes Sur-Mer (Francia, 1972); Primer Premio en pintura de la Bienal INBO con una obra “Sin título” (LP, 1975); Premio Nacional de Cultura otorgado por el Estado Boliviano (2006).
La muestra “Angeles” que se exhibirá en la Galería de Arte UPB de la zona de Obrajes estará compuesta por el trabajo artístico de cada uno de estos exponentes de la pintura boliviana; y dos cuadros de arcángeles del homenajeado, que acompañarán a la obra central de inspiración.
Alfredo La Placa nació en Potosí en 1929. Estudió Medicina y despertó su vocación artística en Italia. Realizó estudios en la Academia de Arte Breda de Milán, Italia. Posteriormente, trabajó en el Taller de Sansón Flexer en el Brasil, dirigió el Museo Nacional de Arte con sede en La Paz (1976). Sus primeras exposiciones fueron en 1955, cuando participó en la III Bienal de Arte de Sao Paulo, Brasil, luego en las bienales en España y México. También visitó Colombia, Argentina, Ecuador y los Estados Unidos y Francia.
Entre sus reconocimientos destacan el Gran Premio en pintura del Salón Murillo con la obra “Dominante en azul” (LP, 1960); Primer Premio en pintura de la UTO (Oruro, 1968); Premio Nacional de pintura para Bolivia, otorgado en Cagnes Sur-Mer (Francia, 1972); Primer Premio en pintura de la Bienal INBO con una obra “Sin título” (LP, 1975); Premio Nacional de Cultura otorgado por el Estado Boliviano (2006).
martes, 31 de julio de 2018
Montañas y topografía andina paceña desde el matiz de Juan Ignacio Revollo
“Al filo de las rocas”, es el título de la nueva exhibición de pinturas en óleo y grabados del reconocido artista paceño Juan Ignacio Revollo, la misma está compuesta por 30 cuadros que reflejan montañas y paisajes andinos de la ciudad de La Paz, desde la perspectiva y el matiz de su autor.
La exposición se inaugurará la noche del 9 de agosto en la Galería de Arte de la Universidad Privada Boliviana (UPB) de la zona de Obrajes. Estará abierta al público hasta el 22 del mismo mes, informó Angela Lucuy, encargada del Centro Cultural de la casa de estudios superiores.
Revollo utiliza para su trabajo distintas técnicas; como la litográfica y xilográfica para el grabado, y la del pastel, tinta y óleo para la pintura; que podrán ser apreciadas en las obras expuestas, que denotan abstracción y brindan una vista de diferentes paisajes naturales y de la serranía que rodea a la ciudad de La Paz.
“Desde el inicio de mi carrera en el arte, la temática en torno al paisaje ha sido un área recurrente. Voy indagando en la abstracción, entre la presencia del paisaje y su recorrido, representando la topografía andina propia de la ciudad, la atmósfera que la rodea y nuestro entorno”, comentó el artista.
Al visitar la exposición, el espectador podrá alcanzar una experiencia visual agradable y pasar a un estado de reflexión acerca de la belleza que lo rodea y que muchas veces no la percibe; verá que las obras son meditativas, alegres, coloridas y que denotan el movimiento de nuestro entorno: montañas y paisajes que invitan a pensar en la belleza simple, añadió.
“Tengo una inquietud constante que me inspira a trabajar sobre el lugar donde vivo, el paisaje paceño es único y tiene ese potencial de ser visto desde distintas perspectivas”, subrayó Revollo.
La Galería de Arte de la UPB está ubicada en la avenida Hernando Siles, esquina calle 5 de la zona de Obrajes.
Sobre el artista
Juan Ignacio Revollo Morales es paceño y se dedica al arte hace casi 20 años, se formó en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y tiene especialidad en Grabado. Recibió una beca del Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (C.I.E.C.) para desarrollar el IV Master sobre la Obra Gráfica (2006-2007) en La Coruña-España.
El artista es especializado en la técnica del grabado, es ganador del 1er Premio en Obra reproducible “Enrique Arnal” del Salón Pedro Domingo Murillo de La Paz. Desarrolla su obra en su propio taller y en los talleres de gráfica de la Academia Nacional de Bellas Artes, en la ciudad de La Paz.
También realiza trabajos de arte y escenografía para teatro y proyectos audiovisuales. Desde el año 2000 ha participado en más de una decena de exposiciones colectivas e individuales; también en importantes exposiciones de grabado en Brasil y Francia.
La exposición se inaugurará la noche del 9 de agosto en la Galería de Arte de la Universidad Privada Boliviana (UPB) de la zona de Obrajes. Estará abierta al público hasta el 22 del mismo mes, informó Angela Lucuy, encargada del Centro Cultural de la casa de estudios superiores.
Revollo utiliza para su trabajo distintas técnicas; como la litográfica y xilográfica para el grabado, y la del pastel, tinta y óleo para la pintura; que podrán ser apreciadas en las obras expuestas, que denotan abstracción y brindan una vista de diferentes paisajes naturales y de la serranía que rodea a la ciudad de La Paz.
“Desde el inicio de mi carrera en el arte, la temática en torno al paisaje ha sido un área recurrente. Voy indagando en la abstracción, entre la presencia del paisaje y su recorrido, representando la topografía andina propia de la ciudad, la atmósfera que la rodea y nuestro entorno”, comentó el artista.
Al visitar la exposición, el espectador podrá alcanzar una experiencia visual agradable y pasar a un estado de reflexión acerca de la belleza que lo rodea y que muchas veces no la percibe; verá que las obras son meditativas, alegres, coloridas y que denotan el movimiento de nuestro entorno: montañas y paisajes que invitan a pensar en la belleza simple, añadió.
“Tengo una inquietud constante que me inspira a trabajar sobre el lugar donde vivo, el paisaje paceño es único y tiene ese potencial de ser visto desde distintas perspectivas”, subrayó Revollo.
La Galería de Arte de la UPB está ubicada en la avenida Hernando Siles, esquina calle 5 de la zona de Obrajes.
Sobre el artista
Juan Ignacio Revollo Morales es paceño y se dedica al arte hace casi 20 años, se formó en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y tiene especialidad en Grabado. Recibió una beca del Centro Internacional de la Estampa Contemporánea (C.I.E.C.) para desarrollar el IV Master sobre la Obra Gráfica (2006-2007) en La Coruña-España.
El artista es especializado en la técnica del grabado, es ganador del 1er Premio en Obra reproducible “Enrique Arnal” del Salón Pedro Domingo Murillo de La Paz. Desarrolla su obra en su propio taller y en los talleres de gráfica de la Academia Nacional de Bellas Artes, en la ciudad de La Paz.
También realiza trabajos de arte y escenografía para teatro y proyectos audiovisuales. Desde el año 2000 ha participado en más de una decena de exposiciones colectivas e individuales; también en importantes exposiciones de grabado en Brasil y Francia.
lunes, 23 de julio de 2018
Homenaje a Pepe Ballón
Al celebrar los 100 años de su nacimiento, la Fundación Simón Patiño en coorganización con la Biblioteca y Archivo Histórico de la Vicepresidencia del Estado, amigos y músicos tienen previsto reunirse hoy a partir de las 19.30 horas en el auditorio del Espacio Simón I. Patiño. El ingreso es libre.
Participan: Juan Carlos Salazar, Pablo Almaraz, Luis Oporto Ordoñez, Leni Ballón, Camila Alejandra Barrios Ballón y Elías Blanco.
Acompañamiento musical: Nicolás Suárez y Tere Morales.
En este evento, queremos destacar la figura de don Pepe Ballón, que dedicó su vida a la promoción de artistas, literatos y músicos, y a la difusión democrática de los valores culturales del pueblo boliviano.
Asimismo, se realizará la presentación de la edición N.º 55, Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a cargo del Luis Oporto Ordoñez, director de la Biblioteca de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
Pepe Ballón: un compromiso con la cultura y los valores de libertad
Pepe Ballón nació el 23 de julio de 1918 en la ciudad de La Paz. Sus padres fueron Juan Ballón y Tula Sanjinés. Lo bautizaron como José Luis, sin embargo, por un error del párroco, tiempo después descubrieron que su nombre figuraba en los libros como Luis Alberto Ballón Sanjinés, de ahí que todo el mundo lo llamara Pepe.
Luis Alberto Ballón se casó el 17 de junio de 1939 con Aurora Morales Zarco. Juntos tuvieron una única hija: Leni Ballón Morales, quien sería una presencia fundamental en su vida.
Pepe Ballón se inició en las artes gráficas junto a Jaime Bedregal, con quien fundó la imprenta Amauta. Muchos años después creó, esta vez con el argentino Ernesto Burillo, la editorial Buri BALL, publicando, entre otros, libros del escritor venezolano Aquiles Nazoa. En los años 60, fue director de la imprenta de la Universidad Mayor de San Andrés, cargo que tuvo que abandonar durante su exilio y recuperó en 1983 hasta su jubilación. Fue ajedrecista, ganó varios premios y fue directivo de la Federación Boliviana de Ajedrez.
El 21 de enero de 1965 fundó, con Jorge Carrasco Núñez del Prado, la Galería de arte, artesanía y folklore Naira, un año después, junto a Gilbert Favre, fundó la Peña Naira, espacio que se convertiría en un hito para el folklore boliviano.
El 12 de septiembre de 1971, bajo el gobierno de Hugo Banzer Suárez, Pepe Ballón tuvo que salir al exilio rumbo a Caracas, Venezuela. Regresó a inicios de 1980 y tuvo que salir nuevamente, esta vez a México, durante el golpe de García Mesa, volviendo definitivamente en 1983, con el retorno a la democracia. Jugó un importante papel colaborando con los exiliados bolivianos, a muchos de los cuales proporcionó información, albergue y consuelo.
Su calidad humana, su profunda sensibilidad social y la fuerza de sus convicciones lo llevaron a vivir muchas dificultades y cosechar grandes amigos. Su partida, el 9 de julio de 1997, dejó un gran vacío en la cultura boliviana y en los corazones de quienes lo conocieron.
El Auditorio del Espacio Patiño está ubicado en Sopocachi, avenida Ecuador, esquina Belisario Salinas, edificio Guayaquil.
Participan: Juan Carlos Salazar, Pablo Almaraz, Luis Oporto Ordoñez, Leni Ballón, Camila Alejandra Barrios Ballón y Elías Blanco.
Acompañamiento musical: Nicolás Suárez y Tere Morales.
En este evento, queremos destacar la figura de don Pepe Ballón, que dedicó su vida a la promoción de artistas, literatos y músicos, y a la difusión democrática de los valores culturales del pueblo boliviano.
Asimismo, se realizará la presentación de la edición N.º 55, Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a cargo del Luis Oporto Ordoñez, director de la Biblioteca de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
Pepe Ballón: un compromiso con la cultura y los valores de libertad
Pepe Ballón nació el 23 de julio de 1918 en la ciudad de La Paz. Sus padres fueron Juan Ballón y Tula Sanjinés. Lo bautizaron como José Luis, sin embargo, por un error del párroco, tiempo después descubrieron que su nombre figuraba en los libros como Luis Alberto Ballón Sanjinés, de ahí que todo el mundo lo llamara Pepe.
Luis Alberto Ballón se casó el 17 de junio de 1939 con Aurora Morales Zarco. Juntos tuvieron una única hija: Leni Ballón Morales, quien sería una presencia fundamental en su vida.
Pepe Ballón se inició en las artes gráficas junto a Jaime Bedregal, con quien fundó la imprenta Amauta. Muchos años después creó, esta vez con el argentino Ernesto Burillo, la editorial Buri BALL, publicando, entre otros, libros del escritor venezolano Aquiles Nazoa. En los años 60, fue director de la imprenta de la Universidad Mayor de San Andrés, cargo que tuvo que abandonar durante su exilio y recuperó en 1983 hasta su jubilación. Fue ajedrecista, ganó varios premios y fue directivo de la Federación Boliviana de Ajedrez.
El 21 de enero de 1965 fundó, con Jorge Carrasco Núñez del Prado, la Galería de arte, artesanía y folklore Naira, un año después, junto a Gilbert Favre, fundó la Peña Naira, espacio que se convertiría en un hito para el folklore boliviano.
El 12 de septiembre de 1971, bajo el gobierno de Hugo Banzer Suárez, Pepe Ballón tuvo que salir al exilio rumbo a Caracas, Venezuela. Regresó a inicios de 1980 y tuvo que salir nuevamente, esta vez a México, durante el golpe de García Mesa, volviendo definitivamente en 1983, con el retorno a la democracia. Jugó un importante papel colaborando con los exiliados bolivianos, a muchos de los cuales proporcionó información, albergue y consuelo.
Su calidad humana, su profunda sensibilidad social y la fuerza de sus convicciones lo llevaron a vivir muchas dificultades y cosechar grandes amigos. Su partida, el 9 de julio de 1997, dejó un gran vacío en la cultura boliviana y en los corazones de quienes lo conocieron.
El Auditorio del Espacio Patiño está ubicado en Sopocachi, avenida Ecuador, esquina Belisario Salinas, edificio Guayaquil.
domingo, 31 de diciembre de 2017
Talento de niños reflejado en pinturas
El talento de los niños que participaron del taller “Mis primeros trazos”, dictado por el ilustrador Alejandro Archondo, se ve reflejado en las pinturas que se exponen en el Espacio Simón I. Patiño de la zona de Sopocachi, informó a EL DIARIO la responsable del Centro de Acción Pedagógica (CAP) del Espacio Simón I. Patiño, Sussy Soto.
“Es la exposición de los trabajos del taller ‘Mis primeros trazos’, ‘mi cartel de cine’. Es un trabajo que los niños realizaron durante esos talleres, ahí se ve la creatividad de ellos”, dijo.
La exposición está abierta, en el anexo del Espacio Simón Patiño ubicado en la avenida Ecuador 2475. La muestra está desde el 18 de diciembre y se quedará hasta el 8 de enero de 2018.
El ingreso a la sala es gratuito y los horarios para apreciar la obra de arte de las niñas y niños es de 09.0 a 12.00 y desde las 15.00 hasta las 19.00 horas, de lunes a viernes.
El 5 de diciembre inició el taller de dibujo “Mis primeros trazos”, dirigido a niños y niñas de 8 a 12 años. Como resultado de ello se realiza la exposición en el anexo de la institución.
Según información la Fundación Simón I. Patiño, en el taller se busca que los niños aprendan estrategias de dibujo, a crear y divertirse por sobre todo. El dibujo es una actividad placentera que permite a los niños crear nuevos mundos, donde todo es posible, y que los niños expresen sus sentimientos por medio de formas y colores.
Asimismo, las actividades que se realizaron durante el taller también estuvieron orientadas a que los niños se familiaricen con el lenguaje visual y el arte en general.
Sobre el Espacio Simón Patiño
De acuerdo a la información de la institución, el Espacio Simón I. Patiño promueve en sus salas, desde 1984, las artes plásticas y visuales bolivianas, acogiendo también exposiciones de artistas de otros países.
Desde 2001, se generó una activa línea de investigación de las artes, tanto en perspectiva histórica, como de las prácticas artísticas contemporáneas, cuyos resultados se han plasmado en importantes exposiciones y publicaciones. Estos proyectos llenan vacíos notorios en la investigación y responden a los objetivos de generar y sistematizar conocimiento, divulgándolo entre un público amplio, y proponer nuevas pistas para búsquedas futuras.
Entre las exposiciones de producción propia de alcance internacional, destacamos Arquitectura hoy en Bolivia, que además de estrenarse en 2006 en las principales ciudades del país, recorrió también Paraguay, Chile y Colombia. Por otra parte, la exposición Oruro, Museo diocesano San Miguel: Arte sacro (2010), coorganizada con el Museo de la Ranchería de Oruro, es un excelente ejemplo de trabajo conjunto interinstitucional.
Entre las publicaciones, es motivo de orgullo el libro Bolivia: Los caminos de la escultura (2009), que ha sido incluido entre las 200 obras fundamentales de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia. La última obra en orden de tiempo es el libro en tres tomo Bolivia: Lenguajes gráficos (2016), que reúne artículos de especialistas sobre la gráfica en el país, desde un acercamiento multidisciplinario e identitario.
Una mención especial merece el proyecto Muéstranos tu Arte, concebido en 2013 para abrir un espacio de visibilidad a artistas, literatos y músicos emergentes, así como a jóvenes investigadores en diferentes ciencias humanas.
“Es la exposición de los trabajos del taller ‘Mis primeros trazos’, ‘mi cartel de cine’. Es un trabajo que los niños realizaron durante esos talleres, ahí se ve la creatividad de ellos”, dijo.
La exposición está abierta, en el anexo del Espacio Simón Patiño ubicado en la avenida Ecuador 2475. La muestra está desde el 18 de diciembre y se quedará hasta el 8 de enero de 2018.
El ingreso a la sala es gratuito y los horarios para apreciar la obra de arte de las niñas y niños es de 09.0 a 12.00 y desde las 15.00 hasta las 19.00 horas, de lunes a viernes.
El 5 de diciembre inició el taller de dibujo “Mis primeros trazos”, dirigido a niños y niñas de 8 a 12 años. Como resultado de ello se realiza la exposición en el anexo de la institución.
Según información la Fundación Simón I. Patiño, en el taller se busca que los niños aprendan estrategias de dibujo, a crear y divertirse por sobre todo. El dibujo es una actividad placentera que permite a los niños crear nuevos mundos, donde todo es posible, y que los niños expresen sus sentimientos por medio de formas y colores.
Asimismo, las actividades que se realizaron durante el taller también estuvieron orientadas a que los niños se familiaricen con el lenguaje visual y el arte en general.
Sobre el Espacio Simón Patiño
De acuerdo a la información de la institución, el Espacio Simón I. Patiño promueve en sus salas, desde 1984, las artes plásticas y visuales bolivianas, acogiendo también exposiciones de artistas de otros países.
Desde 2001, se generó una activa línea de investigación de las artes, tanto en perspectiva histórica, como de las prácticas artísticas contemporáneas, cuyos resultados se han plasmado en importantes exposiciones y publicaciones. Estos proyectos llenan vacíos notorios en la investigación y responden a los objetivos de generar y sistematizar conocimiento, divulgándolo entre un público amplio, y proponer nuevas pistas para búsquedas futuras.
Entre las exposiciones de producción propia de alcance internacional, destacamos Arquitectura hoy en Bolivia, que además de estrenarse en 2006 en las principales ciudades del país, recorrió también Paraguay, Chile y Colombia. Por otra parte, la exposición Oruro, Museo diocesano San Miguel: Arte sacro (2010), coorganizada con el Museo de la Ranchería de Oruro, es un excelente ejemplo de trabajo conjunto interinstitucional.
Entre las publicaciones, es motivo de orgullo el libro Bolivia: Los caminos de la escultura (2009), que ha sido incluido entre las 200 obras fundamentales de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia. La última obra en orden de tiempo es el libro en tres tomo Bolivia: Lenguajes gráficos (2016), que reúne artículos de especialistas sobre la gráfica en el país, desde un acercamiento multidisciplinario e identitario.
Una mención especial merece el proyecto Muéstranos tu Arte, concebido en 2013 para abrir un espacio de visibilidad a artistas, literatos y músicos emergentes, así como a jóvenes investigadores en diferentes ciencias humanas.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Vargas Cuéllar llega a la Casa "Patiño" con dibujos en fondos de acuarela
El artista nacional Mario Vargas Cuéllar, a partir de hoy ofrecerá una interesante muestra de dibujos elaborados en fondos con manchas de acuarela en el salón de exposiciones temporales de la Casa de la Cultura "Simón Iturri Patiño", misma que estará vigente hasta el 19 de agosto, la temática que se visualizan en estas obras son de orden social.
A través de las autoridades de Extensión Cultural de la Universidad Técnica de Oruro (UTO), se conoció que el artista Mario Vargas Cuéllar tiene programada la presentación de sus obras en la ciudad de Oruro, misma que tenía que inaugurarse ayer, pero debido a algunos detalles de logística se vio por conveniente hacer la presentación de la muestra hoy por la mañana.
Vargas Cuéllar ya tuvo este año una participación en el ámbito orureño, cuando unió sus obras junto a las de los artistas Maclovio Marconi y Grover Padilla, en homenaje al 1 de Mayo, ahora estará nuevamente en una exposición individual mostrando una serie de dibujos que están elaborados en fondos acuarelados que le dan una mezcolanza de tonos bastante especial a los trabajos de este autor.
La temática que Vargas Cuéllar maneja está abocada a los hechos sociales, denuncias de agresión al medio ambiente y la realidad que viven los niños y las personas más vulnerables con una serie de situaciones conflictivas por los bajos recursos económicos y algunas inequidades de la sociedad.
También muestra la lucha reivindicatoria de las clases sindicales, obreras y campesinas, temática que caracteriza el trabajo que realiza Vargas Cuéllar. La muestra ya fue presentada en otras ciudades como Cochabamba y Potosí y ahora estará en exhibición en la ciudad de Oruro.
La exposición será inaugurada hoy y estará vigente hasta el 19 de agosto, por lo que se invita a la población en su conjunto y en especial a los estudiantes de arte a que pasen a presenciar esta muestra.
A través de las autoridades de Extensión Cultural de la Universidad Técnica de Oruro (UTO), se conoció que el artista Mario Vargas Cuéllar tiene programada la presentación de sus obras en la ciudad de Oruro, misma que tenía que inaugurarse ayer, pero debido a algunos detalles de logística se vio por conveniente hacer la presentación de la muestra hoy por la mañana.
Vargas Cuéllar ya tuvo este año una participación en el ámbito orureño, cuando unió sus obras junto a las de los artistas Maclovio Marconi y Grover Padilla, en homenaje al 1 de Mayo, ahora estará nuevamente en una exposición individual mostrando una serie de dibujos que están elaborados en fondos acuarelados que le dan una mezcolanza de tonos bastante especial a los trabajos de este autor.
La temática que Vargas Cuéllar maneja está abocada a los hechos sociales, denuncias de agresión al medio ambiente y la realidad que viven los niños y las personas más vulnerables con una serie de situaciones conflictivas por los bajos recursos económicos y algunas inequidades de la sociedad.
También muestra la lucha reivindicatoria de las clases sindicales, obreras y campesinas, temática que caracteriza el trabajo que realiza Vargas Cuéllar. La muestra ya fue presentada en otras ciudades como Cochabamba y Potosí y ahora estará en exhibición en la ciudad de Oruro.
La exposición será inaugurada hoy y estará vigente hasta el 19 de agosto, por lo que se invita a la población en su conjunto y en especial a los estudiantes de arte a que pasen a presenciar esta muestra.
jueves, 27 de julio de 2017
Subasta de Arte
Con el objetivo de apoyar la campaña Operación Sonrisa, la galería de Arte Altamira organizó una subasta de obras de arte que se llevará a cabo hoy, a las 19.00 horas, en el piso 7 de la torre BCP, ubicada en la calle 10 de Obrajes.
El evento reúne a 24 reconocidos artistas, cada uno de los cuales presentará entre 4 y 5 trabajos que serán subastados esta noche, desde las 19:00 horas. Entre ellos están Adda Donato, Carolina Lovo, Cecilia Wilde, Darío Antezana, Erika Ewel, Fernando Antezana, Gustavo del Río, Hernán Callisaya, Isabel Blacutt, Isabel Garrón, Jaime Calizaya, Juan José Serrano, Juan Mayta, Juan Suntura, Mario Conde, Militza Krsul, Ramón Tito, René Botelho, Rina Mamani, Rosendo Aliaga, Rosmery Mamani, Tania Aneiva, Vidal Cusi, Zenón Sansuste, entre otros.
El evento reúne a 24 reconocidos artistas, cada uno de los cuales presentará entre 4 y 5 trabajos que serán subastados esta noche, desde las 19:00 horas. Entre ellos están Adda Donato, Carolina Lovo, Cecilia Wilde, Darío Antezana, Erika Ewel, Fernando Antezana, Gustavo del Río, Hernán Callisaya, Isabel Blacutt, Isabel Garrón, Jaime Calizaya, Juan José Serrano, Juan Mayta, Juan Suntura, Mario Conde, Militza Krsul, Ramón Tito, René Botelho, Rina Mamani, Rosendo Aliaga, Rosmery Mamani, Tania Aneiva, Vidal Cusi, Zenón Sansuste, entre otros.
miércoles, 26 de julio de 2017
Inician las jornadas sobre pintura mural
Comienzan las Jornadas sobre Pintura Mural de los siglos XVI al XVIII en el Museo Nacional de Arte (MNA). La actividad, que se desarrollará entre el 26 y 28 de julio, tiene el propósito de generar reflexión e investigación sobre la conservación de las obras.
Expertos de Perú, Chile y Bolivia se reúnen para dialogar sobre temas relacionados con la historia, iconografía, conservación y gestión del patrimonio cultural de la pintura mural de los siglos XVI-XVIII.
La actividad es organizada por la Fundación Visión Cultural, el Consulado de Chile, el Museo Nacional de Arte, la Embajada de Perú en Bolivia y los responsables de Patrimonio del municipio paceño.
Las Jornadas abren un espacio a la difusión de investigaciones sobre muros o techos que se convierten en soportes fundamentales de obras de ese período. La pintura mural tuvo fines religiosos, históricos, alegóricos, ornamentales y didácticos.
Muchas de las iglesias construidas entre los siglos XVI y XVIII han usado como recurso la pintura mural, acorde con su arquitectura, y han empleado una serie de discursos y guiones como mecanismos de acercamiento al público sobre determinados temas. Un ejemplo es la pintura que se ubica sobre la cúpula del Teatro Municipal de La Paz con la imagen de las artes.
miércoles, 12 de julio de 2017
"La mirada del artista" es la nueva propuesta de Nelson Jaliri
El reconocido artista plástico potosino, Nelson Jaliri, nuevamente llega a la ciudad con sus obras, en esta oportunidad con su colección denominada "La mirada del artista", que desde anoche se expone en el salón Valerio Calles de la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos (ABAP) filial Oruro, donde ya empezó a sorprender por su diferente manera de expresar a través de su arte.
La inauguración se desarrolló en horas de la noche de este martes, pero las obras ya se podían apreciar desde muy temprano, gracias a que los talleres dictados en este espacio de arte, sirvió para que niños y sus padres puedan apreciar la propuesta diferente del artista.
"En esta oportunidad estoy viniendo con técnicas en acrílicos, oleos, acuarelas y técnicas mixtas. En realidad pinto de todo, abstracto, conceptual, porque se tiene que hacer de todo y en la vida práctica debemos reflejar también a lo social, entonces lo que queremos mostrar a la sociedad es que mi obra está en perspectiva, el artista debe renovarse en casa obra", explicó Jaliri.
La obra de este virtuoso muestra diferentes técnicas, y colores bastante llamativos, en obras de tendencia abstracta, realista y conceptual, demostrando que el artista debe incursionar en las miles de opciones que tienen para expresarse, así fue formado y es lo que quiere transmitir en esta oportunidad.
Anteriormente Nelson Jaliri llegó a Oruro con dos exposiciones individuales, como la denominada "Vida, Pasión y Muerte de Juan Cutipa", una interpretación de la obra de Alfredo Domínguez, además de "Atados de la memoria y otras connotaciones", que dejo una muy buena impresión a los entendidos del arte, siempre inquietos por apreciar sus nuevas obras.
"Cada obra mía, tal vez no quiere decir ningún mensaje, pero cada obra es una imagen de mi propio interior", enfatizó Jaliri.
La exposición estará vigente hasta el lunes 24 de julio, con la esperanza que la propuesta que presenta sea del agrado del público orureño.
La inauguración se desarrolló en horas de la noche de este martes, pero las obras ya se podían apreciar desde muy temprano, gracias a que los talleres dictados en este espacio de arte, sirvió para que niños y sus padres puedan apreciar la propuesta diferente del artista.
"En esta oportunidad estoy viniendo con técnicas en acrílicos, oleos, acuarelas y técnicas mixtas. En realidad pinto de todo, abstracto, conceptual, porque se tiene que hacer de todo y en la vida práctica debemos reflejar también a lo social, entonces lo que queremos mostrar a la sociedad es que mi obra está en perspectiva, el artista debe renovarse en casa obra", explicó Jaliri.
La obra de este virtuoso muestra diferentes técnicas, y colores bastante llamativos, en obras de tendencia abstracta, realista y conceptual, demostrando que el artista debe incursionar en las miles de opciones que tienen para expresarse, así fue formado y es lo que quiere transmitir en esta oportunidad.
Anteriormente Nelson Jaliri llegó a Oruro con dos exposiciones individuales, como la denominada "Vida, Pasión y Muerte de Juan Cutipa", una interpretación de la obra de Alfredo Domínguez, además de "Atados de la memoria y otras connotaciones", que dejo una muy buena impresión a los entendidos del arte, siempre inquietos por apreciar sus nuevas obras.
"Cada obra mía, tal vez no quiere decir ningún mensaje, pero cada obra es una imagen de mi propio interior", enfatizó Jaliri.
La exposición estará vigente hasta el lunes 24 de julio, con la esperanza que la propuesta que presenta sea del agrado del público orureño.
martes, 9 de mayo de 2017
Pintor boliviano obtiene el premio internacional Francisco de Goya 2017
El pintor boliviano Orlando Arias Morales recibió el premio internacional Francisco de Goya 2017 en el Salón Espejos del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, España, como reconocimiento a su trabajo artístico que ha logrado gran elogio a nivel internacional.
“Esta distinción al maestro Arias me da motivo para escribir sobre su pintura (…) en sus obras artísticas están impregnadas la huella de sus vivencias, el conocimiento adquirido. Además de tener una excelente técnica al manejar diversas texturas y un dominio del color, su obra se caracteriza por su contenido”, señaló Antonio Calderón de Jesús, director del Centro Internacional de Arte y miembro de la Asociación Española de críticos de Arte.
La premiación se desarrolló el pasado 6 de mayo en un espacio considerado como uno de los más importantes escenarios teatrales en España y del mundo entero.
“Son muy pocos los artistas que dan más importancia al contenido de sus obras que al manejo de la técnica, en cambio la mayoría de los pintores solo les preocupa la técnica, olvidándose que el arte tiene otros componentes que tiene mucho que ver con la sociedad, donde el arte de hoy debe ser más coherente y comprometido con los momentos en que vivimos aportado con ello un bien social”, agregó Calderón de Jesús.
El crítico también resaltó la capacidad literaria del artista boliviano, producción en la que se comprueba “el paralelismo que existe con sus últimas creaciones pictóricas de la serie ‘Ciberandinos’ ‘homo evolutis’ o ‘Teúrgia andina’, donde el principal protagonista es el ser humano convertido en máquina que imita todo lo que ve, no es consciente de sus actos”.
“Y en la serie “Siluetas atmosféricas” nos plantea la multiplicidad dimensional de la naturaleza donde nosotros como personas no solamente somos este cuerpo físico, sino que también tenemos otros cuerpos de distintas densidades unos más etéricas que otras como son el cuerpo vital, emocional, pensante, entre otras”, señaló.
Breve biografía
Orlando Arias Morales nació el 23 de diciembre de 1954 en Potosí. Es el tercero de siete hermanos, hijo de Constantino Arias Toro y de Maritza Morales Mosquera. Estudió en el Colegio San Agustín de Cochabamba, luego ingresa a la Universidad San Andrés de la ciudad de La Paz en la carrera de Ingeniería Civil para luego por motivos de trabajo se cambia a Economía en la Universidad Técnica de Oruro “UTO”, carrera que no concluyó para dedicarse al arte.
Se inició pintando clásico y realismo, pero pronto se dio cuenta que este tipo de pintura llevaba siglos desarrollándose, por lo que dio el salto al neofigurativismo, abstracto, expresionismo y surrealismo.
A los 21 años participa en el Concurso del VII Salón Nacional de Artes Plásticas, Oruro- Bolivia; a partir de entonces, comienza una fructífera carrera como pintor, participando en diversas exposiciones individuales y colectivas, así como en diversos salones y concursos de pintura en su Bolivia natal. En 1986 viaja a Perú y allí conoce al escultor peruano Víctor Delfín. Ese mismo año llega a Ecuador y conoce a Oswaldo Guayasamín. Durante los próximos años recorre Colombia (1988), Costa Rica (1993) y Panamá (2001).
“Esta distinción al maestro Arias me da motivo para escribir sobre su pintura (…) en sus obras artísticas están impregnadas la huella de sus vivencias, el conocimiento adquirido. Además de tener una excelente técnica al manejar diversas texturas y un dominio del color, su obra se caracteriza por su contenido”, señaló Antonio Calderón de Jesús, director del Centro Internacional de Arte y miembro de la Asociación Española de críticos de Arte.
La premiación se desarrolló el pasado 6 de mayo en un espacio considerado como uno de los más importantes escenarios teatrales en España y del mundo entero.
“Son muy pocos los artistas que dan más importancia al contenido de sus obras que al manejo de la técnica, en cambio la mayoría de los pintores solo les preocupa la técnica, olvidándose que el arte tiene otros componentes que tiene mucho que ver con la sociedad, donde el arte de hoy debe ser más coherente y comprometido con los momentos en que vivimos aportado con ello un bien social”, agregó Calderón de Jesús.
El crítico también resaltó la capacidad literaria del artista boliviano, producción en la que se comprueba “el paralelismo que existe con sus últimas creaciones pictóricas de la serie ‘Ciberandinos’ ‘homo evolutis’ o ‘Teúrgia andina’, donde el principal protagonista es el ser humano convertido en máquina que imita todo lo que ve, no es consciente de sus actos”.
“Y en la serie “Siluetas atmosféricas” nos plantea la multiplicidad dimensional de la naturaleza donde nosotros como personas no solamente somos este cuerpo físico, sino que también tenemos otros cuerpos de distintas densidades unos más etéricas que otras como son el cuerpo vital, emocional, pensante, entre otras”, señaló.
Breve biografía
Orlando Arias Morales nació el 23 de diciembre de 1954 en Potosí. Es el tercero de siete hermanos, hijo de Constantino Arias Toro y de Maritza Morales Mosquera. Estudió en el Colegio San Agustín de Cochabamba, luego ingresa a la Universidad San Andrés de la ciudad de La Paz en la carrera de Ingeniería Civil para luego por motivos de trabajo se cambia a Economía en la Universidad Técnica de Oruro “UTO”, carrera que no concluyó para dedicarse al arte.
Se inició pintando clásico y realismo, pero pronto se dio cuenta que este tipo de pintura llevaba siglos desarrollándose, por lo que dio el salto al neofigurativismo, abstracto, expresionismo y surrealismo.
A los 21 años participa en el Concurso del VII Salón Nacional de Artes Plásticas, Oruro- Bolivia; a partir de entonces, comienza una fructífera carrera como pintor, participando en diversas exposiciones individuales y colectivas, así como en diversos salones y concursos de pintura en su Bolivia natal. En 1986 viaja a Perú y allí conoce al escultor peruano Víctor Delfín. Ese mismo año llega a Ecuador y conoce a Oswaldo Guayasamín. Durante los próximos años recorre Colombia (1988), Costa Rica (1993) y Panamá (2001).
jueves, 4 de mayo de 2017
"Imágenes de mi tierra" en la Casa Alzérreca
Los artistas plásticos Consuelo Sanz y Humberto Erquicia inauguraron ayer su ciclo de muestra pictórica "Imágenes de mi tierra", que se queda en la Casa Alzérreca hasta el 13 de mayo.
Los cuadros ofrecen paisajes y calles de los lugares de nacimiento de sus autores. La sucrense también presenta panoramas del área rural circundantes a Tarabuco y Presto, además de figuras humanas.
En cambio, su colega potosino tiene una exposición retrospectiva con 12 obras. Compartió su cariño por Sucre y recordó sus largos años de radicatoria.
Ambos artistas buscan homenajear a la Capital en su aniversario y destacaron la importancia de una escuela de bellas artes para formar a los nuevos talentos.
martes, 18 de abril de 2017
El pintor del Tipnis
La curiosidad de un profesor y un jalón de orejas fueron la mano del destino que llevó a José Moreno Aparicio a encontrar su pasión artística y con los años a proyectar las figuras de sus sueños infantiles convirtiéndolas en pinturas que asombran por la vivacidad de los colores y lo genuino de sus paisajes.
Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar.
Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
EXPOSICIÓN
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Maciso, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos.
A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola.
PAISAJES COLORIDOS
Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos.
Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las “afueras” de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
EL ALUMNO
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas.
El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
“El profesor Ñaño confió en mí”, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. “Fue un salto con garrocha”, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar.
Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileño.
REGRESO A BOLIVIA
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiada cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones “no había espacio para benianos”.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomática.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó “Vereda Tropical” y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (“nadie es profeta en su tierra”), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.
http://haroldolmos.wordpress.com
Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar.
Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
EXPOSICIÓN
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Maciso, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos.
A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola.
PAISAJES COLORIDOS
Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos.
Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las “afueras” de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
EL ALUMNO
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas.
El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
“El profesor Ñaño confió en mí”, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. “Fue un salto con garrocha”, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar.
Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileño.
REGRESO A BOLIVIA
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiada cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones “no había espacio para benianos”.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomática.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó “Vereda Tropical” y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (“nadie es profeta en su tierra”), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.
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lunes, 10 de abril de 2017
Andrés Bedoya expone su autobiografía abstracta,
La transformación del cuerpo, la ausencia, la fragilidad de la memoria o la duración del presente son temas que muchos intentan abordar con gruesos libros de filosofía o abrazando religiones lejanas y exóticas. Andrés Bedoya lo hace, por ejemplo, a partir de una conversación telefónica de su abuela o de las cáscaras de naranja que desechan los jugueros de La Paz. Con estos elementos cotidianos de su —y nuestro— entorno más inmediato, este artista arma una búsqueda y un discurso universal que desarrolla con unas obras que tienen mucho de proceso artesanal. Trece de estos trabajos se contemplarán en la exposición Presente, que se inaugura el jueves en el Centro Cultural de España en La Paz (CCELP). Se podrá visitar ese día y el viernes, y luego habrá que esperar —porque durante dos semanas el Centro estará cerrado— para un segundo periodo de exposición del 17 abril al 20 de mayo.
Esta es la primera exposición de Bedoya en La Paz en casi cinco años. El crítico Pedro Querejazu asegura que “gracias a un trabajo de dimensión muy amplia, este artista ofrece unas propuestas visuales excepcionales con las que ha alcanzado un nivel internacional”. El lenguaje de Bedoya, al estar bien anclado en el arte contemporáneo, es transfronterizo, pasa por encima de las supuestas divisiones entre las artes, entre los temas y entre los países. Es totalmente universal pero a la vez se inspira en realidades muy locales.
De hecho, el artista vivió 10 años en Nueva York, de donde volvió cuando se dio cuenta “de que allí ya no entendía nada”. Así experimentó una evolución personal y creativa: “La obra que hacía allá no se anclaba más que en mi imaginación, solo tenía que ver con las ideas y quería hacer otro tipo de obra, más sujeta a lo que le rodea. Lo que hago ahora a veces lo llamo autobiografía abstracta porque se refiere a mi vida, pero mi vida es producto del contexto”.
Porque Bedoya asegura que el artista no debe considerarse un ser elevado y distante sino alguien humano y mundano y por eso sale a la calle, se pierde, da vueltas y vueltas y se deja atrapar por la magia de La Paz, por su materialidad, sus significados y sus formas de hacer las cosas.
De ahí que las cáscaras de naranja que se encuentran en cualquier esquina de la ciudad le sirvan para hablar de uno de los temas que le inquietan: la temporalidad del cuerpo, cómo este cambia constantemente y, llegado un punto, empieza a fallar. “Para ver esta evolución utilizo estos materiales suplentes, las frutas y el carbón, en los que ocurre el mismo proceso que en las personas pero más rápidamente, y hacen de espejo”. Más aún porque este material orgánico se combina con el inorgánico —las yarwis que sustentan las cáscaras, el gran pedestal de color fúnebre que eleva la pieza de carbón o las monedas sobre un manto de cuero— para subrayar los diferentes efectos que tiene el tiempo según en qué material se aplique. Pero las yarwis ofrecen más, dan a la obra una simetría, distribuyen regularmente las cáscaras y así corrigen a la naturaleza estableciendo un orden en un proceso de transformación de la materia que en principio resulta incontrolable.
Como la mujer que aparece en el video que cierra la exposición, que muestra su rostro lleno de arrugas en primer plano, con una profundidad que sitúa esta pieza a medio camino entre el video y la escultura. A sus casi 100 años ella es muy consciente de que se acerca al final de su vida pero sigue viviendo en tres espacios: presente pasado y futuro. Escucha las noticias y hace planes para renovar su pasaporte y viajar. “Cierra muy bien la muestra porque no se resigna a la muerte, a esos cambios”. Pero la mujer a la vez vuelve a lo que fue su vida o a lo que ella cree que fue, porque habla de sus recuerdos de una manera no muy precisa: “En esta exposición también me interesa, como siempre, referirme a la fragilidad de la memoria porque lo que tú recuerdas tal vez no sea… otro que tiene la misma experiencia la ve de otra forma”, lo justifica Bedoya.
La muerte y la ausencia provocarán al llegar una serie de ritos que se constituyen, a la vez, en un objeto y en un proceso reflejados en las tres obras centrales de Presente: los mantos mortuorios. Todos los ha creado a mano, en un proceso artístico que añade a lo creativo la disciplina del trabajo manual, con horas de concentración en una tarea que tiene mucho de rutinaria. Así se da una mezcla de conceptos que logra unas piezas “realmente épicas”, para Bedoya. Uno de los mantos está tejido con cabello y tela; otro, elaborado con cientos de clavos y cuero; el tercero consiste en una malla más ligera y de cuatro metros de altura. Funcionan como referencia al duelo, al crucifijo, a la devoción, por lo que la muerte tiene de formalidad y de rito.
Un respeto que queda hecho trizas en la serie de tres fotos sobre la cabra, que Bedoya ha incluido en esta exposición a pesar de formar parte de otro proyecto. El autor cuenta que estaba recorriendo las afueras de Santa Cruz con un grupo de niños, retratándolos con su cámara cuando se encontraron con la cabeza de una cabra y un plato que tenían todo el aspecto de ser los restos de un ritual. Él se acercó a la escena con una mezcla de miedo y respeto que los chicos no sentían: por eso se pusieron a jugar con la cabeza lanzándola al aire, sin ningún temor, de una forma muy refrescante, desinhibida y libre. Otra manera de enfrentar la muerte.
Bedoya se refiere a estos serios temas con un espíritu tal vez menos lúdico que el de los niños pero sin duda también muy creativo, lanzando mensajes e ideas en cada obra: “Cuando uso un material tiene una razón específica”. Por eso la plata, la moneda devaluada, el cabello negro, el carbón, el cuero, el hierro, las cáscaras... todo se imbrica y forma una tela de significados con los que el artista construye un discurso sólido, atrevido e innovador.
miércoles, 29 de marzo de 2017
Ponce de León, el artista tarijeño que cautiva al mundo del arte
El tarijeño, Jhonny Ponce de León, hace más de siete años que comenzó su aventura como artista plástico, dejando fluir una actitud que en él se manifiesta de forma natural, ya que aunque no tiene escuela se considera un buen observador.
Esto le permite capturar con facilidad la sensibilidad de un rostro o la suntuosidad de un paisaje.
A sus 18 años descubrió su habilidad para pintar, “posiblemente la lleva en los genes, pues se sabe que un pariente por parte de su padre era artista”, explica su familia, pero esta hipótesis sólo procura explicar la habilidad con la que el artista, totalmente abocado a su arte, concibe su talento.
Ponce de León, como artista autodidacta no siguió el consejo de nadie, no tuvo ninguna influencia, simplemente recurrió y recurre a su espontaneidad para apegarse a este oficio que le apasiona.
Tal vez el estar libre de influencias es lo que permite al artista causar ciertas emociones en la apreciación de su arte, así lo interpretamos cuando en una de sus exposiciones vimos el asomo de lágrimas en los ojos de una mujer, que detenidamente contemplaba el lienzo denominado “Maternidad”, ¿qué es lo que le emociona tanto de esta pintura?, secando sus lágrimas responde, “sólo una madre lo entendería”.
Artista contemporáneo
Con más de 50 obras acumuladas se puede ver un interesante estilo dentro de lo figurativo y el realismo en los paisajes, la silueta humana y la naturaleza muerta, todo ello al óleo. Aunque hace un par de años el artista incursionó con los tonos pasteles que le brindan excelentes resultados en el despliegue de colores.
Sus obras de naturaleza muerta, ponen en evidencia una faceta de descubrimiento en el artista que explota la posibilidad de la técnica de luz, sombras y volumen para conferir a sus pinturas un aspecto natural, aunque según asegura encontrar la expresión en la figura humana es mucho más satisfactorio para él.
“La naturaleza muerta hay que saberla preparar, también encontrar su atractivo, muchos o todos los artistas pasan por este tema, aunque también es una cuestión de gusto e inclinación. Por otra parte la figura humana es algo muy pretendido por muchos artistas, el lograr la figura humana es muy difícil, saberla trabajar bien es un punto muy alto o una gran satisfacción para quien hace pintura”, comenta.
El hecho de pintar la piel puede ser un desafío muy grande que implica un reto para encontrar gestos, vejez, ternura, “el mirar la piel y encontrar tantos colores, a los ojos del artista es enriquecedor, es más mágico y difícil para muchos, lograr una mirada expresiva es parte de la satisfacción que siento”, añade.
Tarija inspira
Desde el momento en que decidió entregarse de lleno a su vocación artística, Jhonny Ponce de León realizó una serie de exposiciones en la Casa de la Cultura, además hizo llegar sus trabajos a diferentes muestras de arte en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Sucre, Potosí y Oruro.
“Me siento bien ante los resultados, pues la gente está valorando mi trabajo y recibo interesantes críticas que me permiten ir mejorando, éstas son recompensas que van más allá de lo económico. Para ser un artista, no sólo se necesita una habilidad sino hasta un contacto más espiritual, profundo con lo que nos rodea y trabajar en tu propia sensibilidad”, explica.
“Toda Tarija es una inspiración”, asegura el artista que encuentra en la ciudad el color de los paisajes y el contraste del valle, altiplano y la región del Chaco, descubriendo colorido en el campo, en las fiestas típicas, en la diversidad de los citadinos y campesinos que conviven diariamente. Si bien la parte positiva de la vida es lo que más aborda en sus temas, Ponce de León asegura que no toma un tema como algo principal y recurrente, debido a que se encuentra una rica variedad que puede ser plasmada en lienzo y aún la tristeza de lo gris del paisaje en un día lluvioso puede llegar a ser hermoso para los que quieran verlo de esa manera.
Retos del arte como oficio
Como cualquier artista que comienza, Ponce de León, entiende que no podría vivir sólo del arte, es por eso que requiere de otros oficios para solventar esta actividad que es la que realmente le gusta. Licenciado en la Carrera de psicología de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, se desempeñó como docente pero trabajó más en la parte de comunicación y extensión universitaria, si bien la psicología podría ser la explicación del porqué le resulta tan fácil plasmar en sus lienzos la expresión interna de una persona, considera que en realidad se trata de tener la sensibilidad de poder tocar el alma, ya que la psicología en sí es una ciencia mucho más fría.
“El arte es cultura, la cultura hace crecer a los pueblos”, asegura el artista. “No tuve tropiezos en esto de la pintura, me puse tiempos que fui cumpliendo para realizar los trabajos que he querido, sin embargo una de las dificultades que encuentro en el arte es la falta de apreciación que tiene la gente, no hay la costumbre de apreciar un cuadro, muchas veces se prefiere poner un almanaque en la pared y no un óleo verdadero que tiene mucho más valor que una Mona Lisa en foto”, lamentó el artista.
Planes y proyectos
“Me enamoro de cada cuadro que hago, encontrarme en esa etapa de inspiración hace que me olvide hasta de comer por pintar, te involucras con tus pinturas y vas descubriéndote, incluso revisando todos aquellos elementos que te hacen humano en tus pensamientos, sentimientos y tus formas de ser. Tus conflictos internos brotan al hacer una pintura y cuando terminas un cuadro resultas muy enamorado de eso, tal vez ahí la dificultad de vender las obras es como perder algo muy preciado”, comenta.
Ponce de León se describe como una persona muy sensible, atenta y expectante a todo lo que pasa en su entorno, pero como artista aún en proceso de aprendizaje, se reconoce como un adicto a esa tranquilidad que es próxima a la felicidad, que aviva sus sentimientos cuando va descubriendo las posibilidades que implican el crear un cuadro.
“Por el momento pienso en realizar exposiciones individuales en todo el país, porque se presentan oportunidades y uno las aprovecha. Mi objetivo es llegar a todo el país con la muestra de mi trabajo”, concluye.
El talento del artista
EXPRESADO EN SUS OBRAS
La figura humana
Su principal placer en el arte es retratar la figura humana. “El hecho de pintar la piel puede ser un desafío muy grande que implica un reto para encontrar gestos, vejez, ternura”, afirma.
Su talento
El artista descubrió su habilidad a sus 18 años, “posiblemente la lleva en los genes, pues se sabe que un pariente por parte de su padre era artista”, explican sus familiares.
La técnica
Posee un estilo dentro de lo figurativo y el realismo en los paisajes, la silueta humana y la naturaleza muerta, todo ello al óleo. Aunque hace un par de años el artista incursionó con los tonos pasteles.
viernes, 24 de marzo de 2017
José Bayro, un pintor incansable
José Bayro siempre la tuvo clara desde niño: "Sabía que quería ser pintor, el mejor pintor”, dice este artista boliviano-mexicano, quien hace unos días presentó en la Galería Mérida Romero, de La Paz, su muestra Cuando el río truena, las matracas suenan.
"Siempre es como una cuenta pendiente volver a mi país. No se si voy a vivir en Bolivia o me voy a quedar en México, pero quería hacer una exposición aquí”, cuenta el pintor. Y no es para menos, pues Bayro estuvo ausente de las galería locales por casi 16 años.
Tal fue su alegría que la muestra se inauguró con una fiesta poco convencional. Una china morena transformista y la figura del ángel de la diablada bailaban y recorrían la galería y de esta forma su presencia le daba al evento un toque de carnaval. A la china morena y al ángel se sumó un dj que mezclaba sonidos de jazz, entre otros géneros, que acompañaron la velada.
La muestra, conformada por 60 piezas, se integra de obras gráficas en agua fuerte, agua tinta, punta seca, serigrafías y litografías, además de óleos sobre oro, o sobre vidrio, sobre lámina, sobre lienzo y una escultura de bronce con baño de plata, perlas y granates; además de su arte objeto en el que plasma una matraca trabajada con hoja de oro con bolivianitas y perlas.
"Esta muestra se concibió en equipo. Cada pieza lleva consigo el trabajo de grabadores, doradores y joyeros mexicanos con los que coordino habitualmente”, dice.
Se trata de una muestra que evoca la fiesta del Carnaval de Oruro. "Tomé la idea del Carnaval y mi hilo conductor son las matracas”, explica el pintor, quien para esta colección plasmó gran variedad de temas. "Toco el paisajismo, los bodegones, la naturaleza muerta, los objetos y un poco de abstracción”.
Un pintor incansable
A diferencia de otros pintores, Bayro considera que la pintura aún permite diversas posibilidades.
"Se cree desde los años 60 que en pintura se ha hecho todo. Pero curiosamente la gente está volviendo nuevamente la figuración, a la pintura de caballete. Soy un trasnochado optimista. Creo que la pintura aún no ha muerto. Tal vez técnicamente, pero sigue siendo un medio para contar cosas de nuestro tiempo”.
Bayro, cochabambino de nacimiento, pinta y dibuja hace casi cinco décadas. De niño, me la pasaba dibujando a tal punto que mis amigos me pedían que les haga las laminas del colegio.
Me pasaba todo el fin de semana dibujando y, claro, por cada lámina les cobraba”, ríe. Fue casi al final de su etapa escolar cuando la idea de ser pintor echó raíces. Entonces, su familia le dio todo el apoyo, aunque, como sucede siempre, sus padres le decían que únicamente de pintor se moriría de hambre. Por ello estudió arquitectura.
"No soy del todo pintor. Mentalmente soy arquitecto. Tengo otra manera de pensar, otra estructura. Manejo mi estudio como un despacho arquitectónico”, explica. Esa estrategia le ha funcionado. "Es casi como una empresa porque a parte de la pintura, la gráfica y los bronces hago calcetines con la marca Bayro. Ya he hecho de mi nombre una marca en México. Tengo un carácter un poco empresarial pero eso es producto del siglo en que vivimos. Los pintores también podemos ser empresarios y ya no damos esa imagen del pintor que vive pobre”, señala orgulloso.
Esta forma de encarar su trabajo le permite hoy desplazarse por diversos lugares y fue lo que le dio la posibilidad de traer una exposición de 60 piezas a Bolivia, "que no es muy sencillo, ni barato”.
A estas alturas de su carrera, Bayro no sabe si es el mejor pintor, eso se lo deja al tiempo. Sin embargo, está feliz, pues además de tener una obra prolífica que hoy se exhibe en importantes galerías del mundo, tiene tres esculturas monumentales en la ciudad mexicana de Puebla, una de ellas bautizada como El hombre Azul, que recientemente cumplió 10 años. "Por esa década, la Lotería Nacional sacó 200 mil boletitos con la imagen de El hombre azul. Es lindo ser reconocido en vida y que lo valoren. Qué puedo decir”, concluye el artista.
"Siempre es como una cuenta pendiente volver a mi país. No se si voy a vivir en Bolivia o me voy a quedar en México, pero quería hacer una exposición aquí”, cuenta el pintor. Y no es para menos, pues Bayro estuvo ausente de las galería locales por casi 16 años.
Tal fue su alegría que la muestra se inauguró con una fiesta poco convencional. Una china morena transformista y la figura del ángel de la diablada bailaban y recorrían la galería y de esta forma su presencia le daba al evento un toque de carnaval. A la china morena y al ángel se sumó un dj que mezclaba sonidos de jazz, entre otros géneros, que acompañaron la velada.
La muestra, conformada por 60 piezas, se integra de obras gráficas en agua fuerte, agua tinta, punta seca, serigrafías y litografías, además de óleos sobre oro, o sobre vidrio, sobre lámina, sobre lienzo y una escultura de bronce con baño de plata, perlas y granates; además de su arte objeto en el que plasma una matraca trabajada con hoja de oro con bolivianitas y perlas.
"Esta muestra se concibió en equipo. Cada pieza lleva consigo el trabajo de grabadores, doradores y joyeros mexicanos con los que coordino habitualmente”, dice.
Se trata de una muestra que evoca la fiesta del Carnaval de Oruro. "Tomé la idea del Carnaval y mi hilo conductor son las matracas”, explica el pintor, quien para esta colección plasmó gran variedad de temas. "Toco el paisajismo, los bodegones, la naturaleza muerta, los objetos y un poco de abstracción”.
Un pintor incansable
A diferencia de otros pintores, Bayro considera que la pintura aún permite diversas posibilidades.
"Se cree desde los años 60 que en pintura se ha hecho todo. Pero curiosamente la gente está volviendo nuevamente la figuración, a la pintura de caballete. Soy un trasnochado optimista. Creo que la pintura aún no ha muerto. Tal vez técnicamente, pero sigue siendo un medio para contar cosas de nuestro tiempo”.
Bayro, cochabambino de nacimiento, pinta y dibuja hace casi cinco décadas. De niño, me la pasaba dibujando a tal punto que mis amigos me pedían que les haga las laminas del colegio.
Me pasaba todo el fin de semana dibujando y, claro, por cada lámina les cobraba”, ríe. Fue casi al final de su etapa escolar cuando la idea de ser pintor echó raíces. Entonces, su familia le dio todo el apoyo, aunque, como sucede siempre, sus padres le decían que únicamente de pintor se moriría de hambre. Por ello estudió arquitectura.
"No soy del todo pintor. Mentalmente soy arquitecto. Tengo otra manera de pensar, otra estructura. Manejo mi estudio como un despacho arquitectónico”, explica. Esa estrategia le ha funcionado. "Es casi como una empresa porque a parte de la pintura, la gráfica y los bronces hago calcetines con la marca Bayro. Ya he hecho de mi nombre una marca en México. Tengo un carácter un poco empresarial pero eso es producto del siglo en que vivimos. Los pintores también podemos ser empresarios y ya no damos esa imagen del pintor que vive pobre”, señala orgulloso.
Esta forma de encarar su trabajo le permite hoy desplazarse por diversos lugares y fue lo que le dio la posibilidad de traer una exposición de 60 piezas a Bolivia, "que no es muy sencillo, ni barato”.
A estas alturas de su carrera, Bayro no sabe si es el mejor pintor, eso se lo deja al tiempo. Sin embargo, está feliz, pues además de tener una obra prolífica que hoy se exhibe en importantes galerías del mundo, tiene tres esculturas monumentales en la ciudad mexicana de Puebla, una de ellas bautizada como El hombre Azul, que recientemente cumplió 10 años. "Por esa década, la Lotería Nacional sacó 200 mil boletitos con la imagen de El hombre azul. Es lindo ser reconocido en vida y que lo valoren. Qué puedo decir”, concluye el artista.
domingo, 19 de marzo de 2017
Gonzalo Ribero profeta de la piedra
Gonzalo Ribero expone su colección “Orígenes” desde mañana en el Gíldaro Antezana. Nacido en Cochabamba, siguió su carrera de artista plástico en Sao Paulo, donde se graduó con el título de arquitecto; de ahí en adelante, Gonzalo se presentó en más de 60 exposiciones alrededor del mundo.
En 1967, fundó la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos ABAP y participó en diferentes actividades artísticas de la escena internacional representado a Bolivia, como en París, donde formó parte del grupo de pintores bolivianos contemporáneo cuyas obras fueron exhibidas en Musee D’art Moderne de la Ville de París en 1973.
Estuvo en la Bienal iberoamericana de Medellín y en la Primera exposición de Pintura contemporánea del área andina, realizada en Lima Perú en 1971. Durante su recorrido artístico también fue partícipe de diversas exposiciones en Brasil, Estados Unidos, Italia, España, entre otros.
Gonzalo contó a Los Tiempos que su obra se destaca por la textura lograda con su técnica, además del uso de curvas que representan el movimiento ondulante, muy parecido a la dinámica del batán, que es un símbolo muy propio de la región andina y representa la relación de la vida con la muerte como un proceso cíclico constante.
El batán es el motivo generador de mucha obra que ha hecho. Alfredo La Placa se refirió a los batanes como trituradores de lluvias siderales, porque están conectados con espacios cósmicos.
“Los batanes que sirven para uso doméstico de la cocina, por el movimiento pendular, se elevan. Claro, eso es una ficción mía, pero tiene un sentido. Yo había visto un eclipse de luna cuando tenía unos seis años en Vinto, y los campesinos movían los batanes, sin moler nada. Hay un cuadro en la exposición que refleja ese tema, del batán en la luna, que se llama ‘Sideral Andino’. Ese cuadro fue expuesto en el pabellón de Bolivia en la Feria de Sevilla”, indicó el artista.
Ronald Martínez, afamado poeta, pintor y dibujante beniano, indica, sobre la obra de Rivero, que el autor logra convocar a los dioses, “pero no con la razón, sino con el mito; pero no con la oración sino con la esperanza; no con lo trascendente, sino con lo inmanente; no con la realidad sino con la imaginación”.
Las piedras, son el elemento fundamental de la obra de Ribero, como plataformas ineludibles de la comunicación con el cosmos; a través de un proceso de abstracción que trasciende los antiguos mitos y renace en un idioma pictórico nuevo.
Gonzalo Ribero ha sido merecedor de varias condecoraciones y premios otorgados por la Municipalidad de Cochabamba y de La Paz y es representado en el Museo de arte moderno de Washington y de Medellín, además de la Casona Santivañez de Cochabamba, el Museo Franciscano de Tarija y el Museo Nacional de Arte de La Paz.
El venezolano Eduardo Robles Piquer valoró al artista: “Gonzalo Ribero, un gran pintor boliviano. Formas pétreas encontradas con culturas indígenas y expresadas con oficio maestro y dominio de la composición, de las texturas y del color que justifican su prestigio internacional”. En 1990, Ribero reflexionó sobre su arte al decir: “Creo que la visión cósmica del hombre primitivo está en mi obra. Y se relaciona con mi presente, con mi vida cotidiana. Pienso que la salvación del hombre está en el cosmos, no en la Tierra”.
En 1967, fundó la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos ABAP y participó en diferentes actividades artísticas de la escena internacional representado a Bolivia, como en París, donde formó parte del grupo de pintores bolivianos contemporáneo cuyas obras fueron exhibidas en Musee D’art Moderne de la Ville de París en 1973.
Estuvo en la Bienal iberoamericana de Medellín y en la Primera exposición de Pintura contemporánea del área andina, realizada en Lima Perú en 1971. Durante su recorrido artístico también fue partícipe de diversas exposiciones en Brasil, Estados Unidos, Italia, España, entre otros.
Gonzalo contó a Los Tiempos que su obra se destaca por la textura lograda con su técnica, además del uso de curvas que representan el movimiento ondulante, muy parecido a la dinámica del batán, que es un símbolo muy propio de la región andina y representa la relación de la vida con la muerte como un proceso cíclico constante.
El batán es el motivo generador de mucha obra que ha hecho. Alfredo La Placa se refirió a los batanes como trituradores de lluvias siderales, porque están conectados con espacios cósmicos.
“Los batanes que sirven para uso doméstico de la cocina, por el movimiento pendular, se elevan. Claro, eso es una ficción mía, pero tiene un sentido. Yo había visto un eclipse de luna cuando tenía unos seis años en Vinto, y los campesinos movían los batanes, sin moler nada. Hay un cuadro en la exposición que refleja ese tema, del batán en la luna, que se llama ‘Sideral Andino’. Ese cuadro fue expuesto en el pabellón de Bolivia en la Feria de Sevilla”, indicó el artista.
Ronald Martínez, afamado poeta, pintor y dibujante beniano, indica, sobre la obra de Rivero, que el autor logra convocar a los dioses, “pero no con la razón, sino con el mito; pero no con la oración sino con la esperanza; no con lo trascendente, sino con lo inmanente; no con la realidad sino con la imaginación”.
Las piedras, son el elemento fundamental de la obra de Ribero, como plataformas ineludibles de la comunicación con el cosmos; a través de un proceso de abstracción que trasciende los antiguos mitos y renace en un idioma pictórico nuevo.
Gonzalo Ribero ha sido merecedor de varias condecoraciones y premios otorgados por la Municipalidad de Cochabamba y de La Paz y es representado en el Museo de arte moderno de Washington y de Medellín, además de la Casona Santivañez de Cochabamba, el Museo Franciscano de Tarija y el Museo Nacional de Arte de La Paz.
El venezolano Eduardo Robles Piquer valoró al artista: “Gonzalo Ribero, un gran pintor boliviano. Formas pétreas encontradas con culturas indígenas y expresadas con oficio maestro y dominio de la composición, de las texturas y del color que justifican su prestigio internacional”. En 1990, Ribero reflexionó sobre su arte al decir: “Creo que la visión cósmica del hombre primitivo está en mi obra. Y se relaciona con mi presente, con mi vida cotidiana. Pienso que la salvación del hombre está en el cosmos, no en la Tierra”.
Recordando al artista José Rovira Oropeza La primera pincelada tiene que ser sagrada
El pintor paceño José Rovira Oropeza nació el 19 de marzo de 1918 y cuando se aproxima el centenario de su nacimiento, recordamos una de sus expresiones, cuyo significado tiene y tendrá siempre su importancia, especialmente para los jóvenes que deciden dedicarse al arte de la pintura: “En un trabajo pictórico, la primera pincelada tiene que ser sagrada”. Ese criterio fue emitido por el acuarelista unos años antes de su fallecimiento, ocurrido en el año 1993.
Nos viene a la mente el trabajo de este maestro del arte pictórico porque hoy consagrados dibujantes y pintores bolivianos honran permanentemente su memoria y recuerdan sus enseñanzas y su peculiarísimo estilo utilizado cuando pintaba al óleo y especialmente en la técnica de la acuarela.
Sentado frente a su caballete, acuarelas y pinceles en sus manos, José Rovira comenzaba a pintar incansablemente las composiciones que le dieron fama por sus trazos rápidos y seguros. Después de observar sus apuntes a lápiz, paulatinamente iba configurando paisajes donde los cielos, en su mayoría ocasos, mostraban variedad de tonalidades cromáticas difuminadas con bastante agua durante el trabajo.
Y lo más notorio de todas sus composiciones era el intenso colorido de pigmentación transparente aplicado con pinceladas precisas que sugerían bosques, frondosos árboles, suelos, montañas y hasta figuras humanas.
Con esas características, José Rovira dedicó toda su existencia al arte de la pintura.
REMEMBRANZA
Y como se trata de remembranzas, hay que afirmar también que en el año 1936 en la Escuela de Bellas Artes de nuestra ciudad, José Rovira fue alumno de Cecilio Guzmán de Rojas, Jorge de la Reza, Genaro Ibáñez, Alfredo Araujo Quezada y Hugo Almaraz; todos ellos, artistas pintores de mucho prestigio en la Historia del Arte de Bolivia.
* Jorge Villanueva Suárez es periodista, dibujante, pintor y escritor. Es también caricaturista. Actualmente colabora con el suplemento La Guía del periódico EL DIARIO bajo el seudónimo de Villas en Acción.
Nos viene a la mente el trabajo de este maestro del arte pictórico porque hoy consagrados dibujantes y pintores bolivianos honran permanentemente su memoria y recuerdan sus enseñanzas y su peculiarísimo estilo utilizado cuando pintaba al óleo y especialmente en la técnica de la acuarela.
Sentado frente a su caballete, acuarelas y pinceles en sus manos, José Rovira comenzaba a pintar incansablemente las composiciones que le dieron fama por sus trazos rápidos y seguros. Después de observar sus apuntes a lápiz, paulatinamente iba configurando paisajes donde los cielos, en su mayoría ocasos, mostraban variedad de tonalidades cromáticas difuminadas con bastante agua durante el trabajo.
Y lo más notorio de todas sus composiciones era el intenso colorido de pigmentación transparente aplicado con pinceladas precisas que sugerían bosques, frondosos árboles, suelos, montañas y hasta figuras humanas.
Con esas características, José Rovira dedicó toda su existencia al arte de la pintura.
REMEMBRANZA
Y como se trata de remembranzas, hay que afirmar también que en el año 1936 en la Escuela de Bellas Artes de nuestra ciudad, José Rovira fue alumno de Cecilio Guzmán de Rojas, Jorge de la Reza, Genaro Ibáñez, Alfredo Araujo Quezada y Hugo Almaraz; todos ellos, artistas pintores de mucho prestigio en la Historia del Arte de Bolivia.
* Jorge Villanueva Suárez es periodista, dibujante, pintor y escritor. Es también caricaturista. Actualmente colabora con el suplemento La Guía del periódico EL DIARIO bajo el seudónimo de Villas en Acción.
lunes, 13 de marzo de 2017
Castro regresa con muestra de personajes históricos
“Realismo Espontáneo” es el título de la exposición de Castro (José Castro), artista plástico nacido en Sucre, Bolivia, y residente en Quebec, Canadá, que regresa al país para presentar una colección de retratos de personajes remarcables de la historia universal, que trascienden nuestro cotidiano desde la ciencia y el arte. La muestra se inaugurará el lunes 13 de marzo en la sala Arturo Borda de la Casa de la Cultura, a las 19.00 horas.
En su experiencia artística, Castro presenta retratos que se conectan entre sí, generados desde las memorias aprehendidas en la vivencia espiritual de toda una vida.
“Vagabundo entre el Expresionismo y el Realismo contemporáneos”, el artista muestra, en su obra, creaciones capaces de estimular la sensibilidad y la emoción a través de una exquisita paleta de colores vibrantes.
Son 13 obras en las que se ve a personajes como Gandhi, John Lennon, Lila Downs, Charles Chaplin y Picasso, además de la reproducción de un diseño de Leonardo Da Vinci, entre otros.
La selección de los protagonistas que se incluyen en la muestra fue una cuestión de tendencia, según el artista, ya que son personajes que todo el mundo conoce por su excelencia. Asimismo, indicó que aunque la muestra no cuenta con algún personaje boliviano, sí planea mostrar algo más latino a futuro.
Castro estudió Ciencias Económicas en Sucre y emigró a Quebec hace 24 años, donde trabajó siempre en publicidad. De esa manera incursionó en la decoración, actividad que —a través de emociones—, luego lo llevó al arte. “Al principio empezaba a articular cosas sobre Bolivia y veía que somos una cultura que transporta mucho color, entonces a la gente le gustó. Así, realicé algunas exposiciones en bares y cafés y trabajaba haciendo murales. Entonces había cierta apertura de la gente al mi arte”, manifestó.
En ese sentido, “Realismo espontáneo” propone jugar con las emociones y mostrar algo vibrante. “Elijo los colores que se aproximan a los fluorescentes, porque me parece que son colores que transportan una emoción inmediata. Si utilizamos semitonos me hace pensar en la tristeza y mi objetivo es causar una sensación de alegría”, expresó.
Por ello, se busca encontrar miradas que penetren el ser interior a través de esta obra pictórica, única por su humanismo trascendente. La muestra estará abierta al público hasta el viernes 31 de marzo.
En su experiencia artística, Castro presenta retratos que se conectan entre sí, generados desde las memorias aprehendidas en la vivencia espiritual de toda una vida.
“Vagabundo entre el Expresionismo y el Realismo contemporáneos”, el artista muestra, en su obra, creaciones capaces de estimular la sensibilidad y la emoción a través de una exquisita paleta de colores vibrantes.
Son 13 obras en las que se ve a personajes como Gandhi, John Lennon, Lila Downs, Charles Chaplin y Picasso, además de la reproducción de un diseño de Leonardo Da Vinci, entre otros.
La selección de los protagonistas que se incluyen en la muestra fue una cuestión de tendencia, según el artista, ya que son personajes que todo el mundo conoce por su excelencia. Asimismo, indicó que aunque la muestra no cuenta con algún personaje boliviano, sí planea mostrar algo más latino a futuro.
Castro estudió Ciencias Económicas en Sucre y emigró a Quebec hace 24 años, donde trabajó siempre en publicidad. De esa manera incursionó en la decoración, actividad que —a través de emociones—, luego lo llevó al arte. “Al principio empezaba a articular cosas sobre Bolivia y veía que somos una cultura que transporta mucho color, entonces a la gente le gustó. Así, realicé algunas exposiciones en bares y cafés y trabajaba haciendo murales. Entonces había cierta apertura de la gente al mi arte”, manifestó.
En ese sentido, “Realismo espontáneo” propone jugar con las emociones y mostrar algo vibrante. “Elijo los colores que se aproximan a los fluorescentes, porque me parece que son colores que transportan una emoción inmediata. Si utilizamos semitonos me hace pensar en la tristeza y mi objetivo es causar una sensación de alegría”, expresó.
Por ello, se busca encontrar miradas que penetren el ser interior a través de esta obra pictórica, única por su humanismo trascendente. La muestra estará abierta al público hasta el viernes 31 de marzo.
martes, 7 de marzo de 2017
EL COLOR DE LA REBELDÍA - La Obra Pictórica de Grover Padilla Durán
Grover Padilla Durán vio los primeros colores en la ciudad de Potosí aunque, muy joven, hizo suya la ciudad de Oruro en la que, a lo largo de 30 años, desarrolló su talento artístico. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de la ciudad del Pagador y se graduó de ella durante una de las etapas más duras de la vida política de nuestro país. Quizá su sensibilidad artística haya sido marcada por la violencia social y política vivida durante la dictadura de Luis García Meza, deviniendo en el abordaje de temas sociales que se reflejan en su obra.
Si bien es cierto que, en una primera etapa de su vida artística, Padilla Durán dedicó gran parte de sus esfuerzos al “arte de caballete” —como él denomina a este periodo— no es menos evidente que aún en esta etapa sus obras están impregnadas de una fuerte percepción estética de los problemas sociales y su preocupación por aquellas manifestaciones culturales en proceso de desaparición, tal es el caso del Alba o la Albada, como gustaba denominarla el ya desaparecido profesor Alberto Guerra Gutiérrez.
Padilla comenta —no sin cierta melancolía— que el Alba “era un momento de esparcimiento que se iniciaba con una misa ofrecida a la Virgen del Socavón al amanecer del Domingo de Carnaval, después del ingreso de los conjuntos, el Sábado de Peregrinación, y se desarrollaba en el atrio del Santuario”. En esta manifestación cultural —que ha perdido según el artista sus características tradicionales— los componentes de las bandas, concluida la misa, ofrecían una serenata a la patrona de los folkloristas deleitando también a los asistentes que, al son de bandas, degustaban de la variada gastronomía orureña y por supuesto de la cálida compañía de Baco.
Este ambiente —habitado por sacerdotes, diablesas, achachis y desorientados turistas; impregnado de misticismo y carnalidad; sahumado de incienso y efluvios de anticuchos y rostros asados, de vinos, sucumbés e inocentes apis— indujo a Padilla a plasmar sus impresiones en una serie de obras a la que denominó Diablos en el Alba. Se trata de alrededor de una veintena de obras pictóricas, en las se puede apreciar —más allá de la temática de las obras— una depurada técnica en que la determinación, distribución y organización de los elementos que dan forma a su arte hacen un todo a la vez caótico y coherente.
La aparente asimetría en la composición, a la que con frecuencia apela el artista, hace pensar en un inadecuado equilibrio de los elementos inherentes a su obra, sin embargo, esta primera impresión es con frecuencia errónea pues los elementos de su composición artística están armonizados de modo tal que no podemos sustituirlos o desplazarlos sin alternar el balance logrado sobre la base del manejo de texturas, profundos espacios negativos y el tamaño e intensidad de colores utilizados en aquellos personajes cuya presencia es, de este modo, positivamente resaltada.
Como parte de la comunidad cultural Jayamara —dedicada al rescate y ejecución de música autóctona y fuertemente influenciada por la cultura andina— volcó también su acuciosa mirada a la temática andina dejando a la posteridad obras de arte en las que aborda “lo andino” desde una visual posada en los resultados de la investigación etnomusicológica. De ahí que los personajes andinos de su obra, en este periodo, sean danzantes y músicos que lejos de ser presentados en las ya conocidas sumisiones son presentados con una vitalidad que raya en el desafío.
La obra de Grover Padilla no se limita al “arte de caballete”, sino que —como producto del impacto de las luchas obreras y campesinas en su sensibilidad artística— asumió el mural como una forma de exteriorización de sus impresiones. Recibió la vigorosa influencia del muralismo mexicano que, por derecho propio, se constituye en uno de los géneros artísticos más distintivos de América Latina.
El muralismo latinoamericano se originó en la Revolución mexicana de 1910, aunque no es sino hasta 1921 cuando la Escuela Muralista Mexicana comenzó a adquirir prestigio internacional no solo por ser una corriente artística, sino por ser un movimiento social y político de resistencia e identidad con imágenes que —a través de la diversidad de sus componentes estilísticos— retratan temas como la revolución, la lucha de las clases y las luchas campesinas e indígenas.
Pero fue Miguel Alandia Pantoja quien ejerció una influencia más pujante en la concepción muralista de Padilla Durán, de él aprendió que “el muralismo tomó mitos y leyendas populares y la vida misma de las masas mineras y campesinas en su lucha contra la vieja oligarquía minera terrateniente y mercantil, para expresar en un lenguaje plástico, remozado y rotundo, el anhelo universal del hombre de nuestro tiempo: la revolución”.
Es en esta fase de su obra pictórica que Padilla se sumerge en la plasmación del arte y en el que el arte ornamental que había cultivado cedió paso al arte ácrata y su obra muralista no es sino la expresión de los objetivos, aspiraciones y frustraciones del movimiento obrero, campesino y estudiantil que, en ese momento histórico, protagonizó una de las más grandes marchas de protesta contra el modelo neoliberal traducido en el DS 21060. Así, la marcha por la vida, la huelga de hambre que devino del Cerco de Calamarca y las subsecuentes movilizaciones populares fueron fuentes que inspiraron el arte mural de Padilla Durán.
Las permanentes agresiones del Estado hacia el movimiento obrero y la bronca de los trabajadores llevaron a la Central Obrera Departamental de Oruro a declarar una huelga de hambre en 1988 en el paraninfo de la Universidad Técnica Oruro demandando atención a sus peticiones; sin embargo, el Estado desoyó las demandas del movimiento obrero. En este contexto Padilla Durán, junto a otros artistas del Grupo Puente, plasmó en un lienzo de cuatro por cinco metros una obra a la que denominaron Cristo Minero.
En la obra pictórica puede apreciarse un famélico minero clavado a una cruz. Nadie podía imaginar que esta obra modificaría la forma de expresión política que adoptó el movimiento obrero y popular al asumirla como una forma extrema de protesta. De este modo, fue una obra de arte la que proveyó al movimiento obrero de una nueva forma de lucha por sus reivindicaciones: la crucifixión.
Sin que la cronología sea un factor determinante, es posible establecer un punto de inflexión —más bien temático— en su obra pictórica; un punto en el que la sensibilidad artística, traducida en obras de arte más bien decorativas, cede ante la contemplación y exteriorización representativa de la plenitud de la vida, de sus luces y sombras, de sus heroísmos y temores hasta convertirse en un arte libertario, un arte revolucionario y, llegado a este punto Padilla Durán, no pudo —ni trató— de expresar la libertad en su arte sino que, paradójicamente, la contemplación le condujo hasta el arte de la libertad en el que abstenerse es sinónimo de deserción.
Si bien es cierto que, en una primera etapa de su vida artística, Padilla Durán dedicó gran parte de sus esfuerzos al “arte de caballete” —como él denomina a este periodo— no es menos evidente que aún en esta etapa sus obras están impregnadas de una fuerte percepción estética de los problemas sociales y su preocupación por aquellas manifestaciones culturales en proceso de desaparición, tal es el caso del Alba o la Albada, como gustaba denominarla el ya desaparecido profesor Alberto Guerra Gutiérrez.
Padilla comenta —no sin cierta melancolía— que el Alba “era un momento de esparcimiento que se iniciaba con una misa ofrecida a la Virgen del Socavón al amanecer del Domingo de Carnaval, después del ingreso de los conjuntos, el Sábado de Peregrinación, y se desarrollaba en el atrio del Santuario”. En esta manifestación cultural —que ha perdido según el artista sus características tradicionales— los componentes de las bandas, concluida la misa, ofrecían una serenata a la patrona de los folkloristas deleitando también a los asistentes que, al son de bandas, degustaban de la variada gastronomía orureña y por supuesto de la cálida compañía de Baco.
Este ambiente —habitado por sacerdotes, diablesas, achachis y desorientados turistas; impregnado de misticismo y carnalidad; sahumado de incienso y efluvios de anticuchos y rostros asados, de vinos, sucumbés e inocentes apis— indujo a Padilla a plasmar sus impresiones en una serie de obras a la que denominó Diablos en el Alba. Se trata de alrededor de una veintena de obras pictóricas, en las se puede apreciar —más allá de la temática de las obras— una depurada técnica en que la determinación, distribución y organización de los elementos que dan forma a su arte hacen un todo a la vez caótico y coherente.
La aparente asimetría en la composición, a la que con frecuencia apela el artista, hace pensar en un inadecuado equilibrio de los elementos inherentes a su obra, sin embargo, esta primera impresión es con frecuencia errónea pues los elementos de su composición artística están armonizados de modo tal que no podemos sustituirlos o desplazarlos sin alternar el balance logrado sobre la base del manejo de texturas, profundos espacios negativos y el tamaño e intensidad de colores utilizados en aquellos personajes cuya presencia es, de este modo, positivamente resaltada.
Como parte de la comunidad cultural Jayamara —dedicada al rescate y ejecución de música autóctona y fuertemente influenciada por la cultura andina— volcó también su acuciosa mirada a la temática andina dejando a la posteridad obras de arte en las que aborda “lo andino” desde una visual posada en los resultados de la investigación etnomusicológica. De ahí que los personajes andinos de su obra, en este periodo, sean danzantes y músicos que lejos de ser presentados en las ya conocidas sumisiones son presentados con una vitalidad que raya en el desafío.
La obra de Grover Padilla no se limita al “arte de caballete”, sino que —como producto del impacto de las luchas obreras y campesinas en su sensibilidad artística— asumió el mural como una forma de exteriorización de sus impresiones. Recibió la vigorosa influencia del muralismo mexicano que, por derecho propio, se constituye en uno de los géneros artísticos más distintivos de América Latina.
El muralismo latinoamericano se originó en la Revolución mexicana de 1910, aunque no es sino hasta 1921 cuando la Escuela Muralista Mexicana comenzó a adquirir prestigio internacional no solo por ser una corriente artística, sino por ser un movimiento social y político de resistencia e identidad con imágenes que —a través de la diversidad de sus componentes estilísticos— retratan temas como la revolución, la lucha de las clases y las luchas campesinas e indígenas.
Pero fue Miguel Alandia Pantoja quien ejerció una influencia más pujante en la concepción muralista de Padilla Durán, de él aprendió que “el muralismo tomó mitos y leyendas populares y la vida misma de las masas mineras y campesinas en su lucha contra la vieja oligarquía minera terrateniente y mercantil, para expresar en un lenguaje plástico, remozado y rotundo, el anhelo universal del hombre de nuestro tiempo: la revolución”.
Es en esta fase de su obra pictórica que Padilla se sumerge en la plasmación del arte y en el que el arte ornamental que había cultivado cedió paso al arte ácrata y su obra muralista no es sino la expresión de los objetivos, aspiraciones y frustraciones del movimiento obrero, campesino y estudiantil que, en ese momento histórico, protagonizó una de las más grandes marchas de protesta contra el modelo neoliberal traducido en el DS 21060. Así, la marcha por la vida, la huelga de hambre que devino del Cerco de Calamarca y las subsecuentes movilizaciones populares fueron fuentes que inspiraron el arte mural de Padilla Durán.
Las permanentes agresiones del Estado hacia el movimiento obrero y la bronca de los trabajadores llevaron a la Central Obrera Departamental de Oruro a declarar una huelga de hambre en 1988 en el paraninfo de la Universidad Técnica Oruro demandando atención a sus peticiones; sin embargo, el Estado desoyó las demandas del movimiento obrero. En este contexto Padilla Durán, junto a otros artistas del Grupo Puente, plasmó en un lienzo de cuatro por cinco metros una obra a la que denominaron Cristo Minero.
En la obra pictórica puede apreciarse un famélico minero clavado a una cruz. Nadie podía imaginar que esta obra modificaría la forma de expresión política que adoptó el movimiento obrero y popular al asumirla como una forma extrema de protesta. De este modo, fue una obra de arte la que proveyó al movimiento obrero de una nueva forma de lucha por sus reivindicaciones: la crucifixión.
Sin que la cronología sea un factor determinante, es posible establecer un punto de inflexión —más bien temático— en su obra pictórica; un punto en el que la sensibilidad artística, traducida en obras de arte más bien decorativas, cede ante la contemplación y exteriorización representativa de la plenitud de la vida, de sus luces y sombras, de sus heroísmos y temores hasta convertirse en un arte libertario, un arte revolucionario y, llegado a este punto Padilla Durán, no pudo —ni trató— de expresar la libertad en su arte sino que, paradójicamente, la contemplación le condujo hasta el arte de la libertad en el que abstenerse es sinónimo de deserción.
miércoles, 8 de febrero de 2017
Tarata inspira pinturas de más de 50 artistas
Más de 50 artistas plásticos de cuatro departamentos del interior del país e invitados de Perú y Suiza inspiraron sus pinturas en diferentes paisajes de la provincia colonial de Tarata.
El I Concurso de Pintura Osvaldo Sánchez Terrazas se llevó a cabo desde el 3 de febrero hasta ayer en Villa Recreo (Tarata).
El premio de 7 mil bolivianos fue entregado a Rosmery Mamani y las tres nominaciones a los artistas Dario Antezana, Remy daza y Rina Mamani. El jurado calificador estuvo compuesto por tres artistas de renombre y dos integrantes de la familia.
“Estos tres días, los artistas han ido pintando alrededor de la casa y además también en zonas aledañas”, indicó María Eugenia Sánchez.
Explicó que se trata de un primer concurso de muchos que realizará la familia Sánchez Terrazas con el objetivo de consolidar una muestra artística con las obras ganadoras.
Osvaldo Sánchez Terrazas nació en Tarata el 4 de febrero de 1924 y murió en la ciudad Cochabamba en mayo de 2012. En vida organizó diversas actividades culturales en Villa Recreo.
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