Los Amigos del Teatro reunirá a las agrupaciones Jach´a Mallku e Hiru Hicho; los ballets Fantasía Boliviana y Bolivia India y la Compañía de Teatro Santallazos para el martes 25 y miércoles 26 de abril en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, el espectáculo tiene el propósito de recaudar fondos para la compra de un equipo de filmación de ese espacio.
APOYO PARA EL TEATRO
José Farfán, director del Taller de Danzas Fantasía Boliviana, manifestó: “Hemos decidido darle un apoyo a nuestra institución matriz que es el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, que albergó importantes obras de artistas destacados de amplia trayectoria a nivel nacional e internacional, las cuales lastimosamente no quedan en la memoria y archivo del teatro, es así que surge la iniciativa de apoyar a la memoria con la compra de un equipo de filmación, que servirá para tener un archivo de los espectáculos, conciertos y obras de teatro que se presentan en este escenario”.
META DE TODOS
La participación del grupo cochabambino Ozono se suma también a la iniciativa que llegará a La Paz con lo más destacado de su repertorio, apoyando el objetivo que tienen en común los artistas y actores que preparan el espectáculo.
“El apoyo de la gente será importante para lograr la meta, estamos involucrados en esta tarea los artistas y también nuestro público, de ellos dependen los artistas de música, teatro y también danza” recalcó Franz Chuquimia, vocalista del grupo Jach´a Mallku.
lunes, 24 de abril de 2017
domingo, 23 de abril de 2017
Exhiben las Pinceladas Bolivianas en baile
En la plaza Simón Bolívar, anoche se desarrolló el acontecimiento de danza preparado por el ballet folclórico municipal “Sentimiento Boliviano”, en conmemoración al 472 aniversario del nacimiento de la ciudad de Potosí y el cuarto año de actividad constante de esta agrupación cultural.
La presentación de baile y música en vivo se denominó “Pinceladas bolivianas a través de mi danza”, con un despliegue grande del escenario que tenía pantalla, luces y el sistema de sonido de la empresa Martins.
Fueron 25 coreografías que se mostraron en escena representando a varios ritmos de los nueve departamentos de Bolivia y 65 niños y jóvenes de los elencos de Sentimiento Boliviano. Todo comenzó con los bailes de la chobena, carnavalito y taquirari de Santa Cruz, seguido del bailecito, cueca y pujllay de Chuquisaca.
Después demostraron una diversidad de bailes de La Paz, Oruro, Beni, Tarija, Cochabamba, Pando los más clásicos y conocidos de Potosí como los mineritos y la chola potosina.
La jornada fue acompañada por el profesionalismo de agrupaciones musicales de la ciudad, como el grupo femenino Canela, Encami y la agrupación autóctona Tolckas de Villa Santiago.
Cada grupo interpretó temas de diferentes regiones de Bolivia, mientras los bailarines demostraban sus aptitudes ante un público que llenó la plaza y recibió el espectáculo con aplausos.
El director del ballet municipal, Ariel Estrada, dijo estar contento por la demostración de las danzas a cargo de los niños y jóvenes que lucieron los trajes de cada región y que muestra la calidad del folclore nacional. “La organización del espectáculo es para ustedes”, manifestó.
La presentación de baile y música en vivo se denominó “Pinceladas bolivianas a través de mi danza”, con un despliegue grande del escenario que tenía pantalla, luces y el sistema de sonido de la empresa Martins.
Fueron 25 coreografías que se mostraron en escena representando a varios ritmos de los nueve departamentos de Bolivia y 65 niños y jóvenes de los elencos de Sentimiento Boliviano. Todo comenzó con los bailes de la chobena, carnavalito y taquirari de Santa Cruz, seguido del bailecito, cueca y pujllay de Chuquisaca.
Después demostraron una diversidad de bailes de La Paz, Oruro, Beni, Tarija, Cochabamba, Pando los más clásicos y conocidos de Potosí como los mineritos y la chola potosina.
La jornada fue acompañada por el profesionalismo de agrupaciones musicales de la ciudad, como el grupo femenino Canela, Encami y la agrupación autóctona Tolckas de Villa Santiago.
Cada grupo interpretó temas de diferentes regiones de Bolivia, mientras los bailarines demostraban sus aptitudes ante un público que llenó la plaza y recibió el espectáculo con aplausos.
El director del ballet municipal, Ariel Estrada, dijo estar contento por la demostración de las danzas a cargo de los niños y jóvenes que lucieron los trajes de cada región y que muestra la calidad del folclore nacional. “La organización del espectáculo es para ustedes”, manifestó.
El balcón de Gastón Un jubilado que dedicó su tiempo al arte.
Un día se decidió. Compró las herramientas, reunió la madera necesaria y empezó a armar un balcón en miniatura; luego siguieron otros, hasta pasar de la centena. Gastón Asturizaga —quien hace poco cumplió 95 años— es el artista que se animó a dedicar su tiempo de jubilado a armar estas obras que embellecen su hogar y los de sus amigos. Una tarde es insuficiente para escuchar las anécdotas del extrabajador de entidades financieras. En cuanto inicia una historia, pasa a otra igual de interesante, como que de niño planeaba dedicarse a hacer artesanías.
Gastón reconoce que las únicas buenas notas que lograba en el colegio La Salle eran en gimnasia y dibujo. Su memoria está intacta, ya que sabe de fechas, lugares y personas como si ese pasado hubiera ocurrido hace unos días. Por ejemplo, recuerda bien al hermano Alejandro, quien le enseñó los conceptos básicos para trazar líneas que se convertían en arte.
Desde las rejas hasta las tejas fueron fabricadas por el artista nonagenario.
Con esa habilidad pensaba dedicarse a hacer artesanías y después estudiar Arquitectura, pero la situación económica lo obligó a elegir una carrera con mejor remuneración económica. Se inscribió en Derecho, pero a los dos años se dio cuenta de que no era lo suyo y un día abandonó las aulas y no retornó más. En su lugar escogió el área económica, por lo que trabajó en el Banco Central de Bolivia (BCB), aunque sin alejarse del dibujo, pues llegó a presentar una exposición de caricaturas de sus compañeros de trabajo.
También recuerda la vez en que casi fue enviado a un campo de concentración —durante el primer gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), en los años 50—, acusado de planear una revolución con miembros de Falange Socialista Boliviana (FSB); la vez que se hizo amigo de Lydia Gueiler, quien años después iba a ser presidenta de Bolivia; su experiencia como trabajador del Banco Popular del Perú y cuando estuvo al frente de la bombonería Peter Pan. “Si le contara mi vida..., es larga”, dice.
Uno de sus recuerdos se convirtió en el frontis de una parroquia de pueblo.
Su último trabajo fue en una empresa de seguros, donde los constantes reclamos de los clientes hicieron que decidiera jubilarse. Con más tiempo y muchos proyectos en la mente, Gastón recibió en un cumpleaños un retablo pequeño. Al observarlo con detalle se convenció de que podía hacer lo mismo, así que consiguió las herramientas necesarias, venesta y madera delgada, para iniciar su proyecto. En un principio tardó más de lo necesario, pero después alcanzó la habilidad necesaria para convertir sus recuerdos y fotos de revistas en adornos que embellecen las casas de sus amigos y familiares.
En el recibidor de su casa hay decenas de los balcones que ha creado mientras la vista se lo permitía, cada cual con una historia diferente y hechos con mucho detalle. De alguna manera, su habilidad con el dibujo le facilitó crear estas piezas a las que dedicó jornadas enteras, con tal de lograr el mínimo detalle y luego contar una de sus tantas anécdotas de 95 años.
Una exposición rescata la memoria de las calles de Sopocachi en 90 fotografías
El barrio de Sopocachi cada vez se parece más a tantos de cualquier ciudad del mundo. Está perdiendo buena parte de ese encanto que durante el siglo XX le convirtió en una zona diferente, rebosante de personalidad y en cuyas calles se concentró la vida política, económica y cultural de La Paz. Tres instituciones culturales del barrio (la Fundación Flavio Machicado Viscarra, la Organización Cultural Sopocachi y la Fundación Simón I. Patiño) se han unido y han animado a los vecinos a buscar en sus álbumes y compartir su fotos familiares para construir una especie de collage que recuerda lo que fue y ya nunca volverá a ser. De las algo más de 200 fotos que por el momento se han reunido se han seleccionado 90 para exponerlas en el Espacio Simón I. Patiño, con el título Sopocachi: memorias de un espacio singular 1900-1980, hasta el 2 de junio.
La exposición forma parte de un proyecto que arrancó en noviembre y que busca identificar e inventariar los archivos familiares para crear un banco de fotos que quede a disposición de todos y que ya se puede visitar en internet: www.sopocachi.org. Las fotos hablan de vidas cotidianas y de historias casi íntimas que, todas juntas, permiten recolectar pistas sobre la evolución de la arquitectura, del transporte y de las costumbres, y plantearse así una reflexión sobre la modernidad y el urbanismo. “Estos archivos son importantes. Hay que evitar que se pierdan y darles un uso que beneficie a la colectividad”, dice Cristina Machicado, de la Fundación Flavio Machicado.
Uno de esos usos es fomentar la permanencia de la memoria de Sopocachi con una herramienta que se ha convertido en casi hegemónica en las búsquedas en internet: Wikipedia. El proyecto se ha puesto en contacto con un grupo de paceños que habitualmente aportan datos a esa enciclopedia universal para que en un taller enseñen las herramientas básicas para aportar contenidos a quien tiene información sobre lugares y personajes importantes del barrio. Todos ellos celebrarán más tarde lo que se conoce como un día de edición masiva, en el que los contribuyentes se coordinan para, en una sola jornada, subir la mayor cantidad de datos sobre un tema específico; en este caso, Sopocachi.
En las paredes del Simón I. Patiño se proyecta, además, un documental mudo y en colores que ha cedido la Cinemateca Boliviana, que se estima se rodó en los años 40 y describe el barrio en aquella época. Otro video habla del encanto de darse un buen paseo por las calles y las plazas del barrio; otro ilustra varias figuras importantes de artistas que vivieron allí, y en un tercero el arquitecto Francisco Bedregal analiza la evolución urbanística de la zona. Y no sale muy bien parada: “hay una política despiadada contra el patrimonio”.
Porque la transformación de Sopocachi se ha disparado desde que se inició en los años 70. La directora del Simón I. Patiño, Michela Pentimalli, lleva 20 años viviendo allí. “La transformación del barrio me da mucha pena. Cuando llegué era muy tranquilo, podía trabajar con la ventana abierta (su oficina está en la avenida Ecuador) porque casi solo pasaba el micro de la línea 2, pero ahora ya no, porque el tráfico se ha hecho insoportable y me entra todo el ruido y todo el humo.
Aunque también tiene sus puntos positivos. Ahora hay mucha oferta de espacios de sociabilidad: restaurantes, cafés… y se conserva lo cultural”.
Aunque sigue habiendo varios, cada vez quedan menos edificios de estilo pintoresco —neocolonial, art decó, rococó, art nouveau…— que reflejen los gustos de la burguesía que se instaló aquí cuando con la Revolución Federal ocupó el centro de La Paz con sus necesidades de ministerios e instancias ejecutivas y provocó que muchos de los que residían allá se trasladaran a Sopocachi. Sus casas unifamiliares, tipo chalet, dominaron el paisaje hasta que en los años 70 empezaron a ceder terreno y, con la bonanza económica de la época de Banzer, apareció una nueva tipología: la vivienda multifamiliar en edificios de altura. Desde entonces estas construcciones no han dejado de avanzar y ahora se pueden encontrar algunos que albergan más de 500 departamentos en alrededor de 20 pisos.
Un buen ejemplo de este cambio lo da la misma Fundación Simón I. Patiño, que está construyendo su nueva sede, de siete pisos, en el terreno que antes ocupaba una casa señorial, de solo dos y con jardín. Y el ejemplo es bueno porque “lo que se está levantando es una dotación cultural y en un edificio importante, de Juan Carlos Calderón”, asegura Bedregal, “lo que resulta beneficioso para la vida y la estética del barrio”. No ocurre lo mismo con la mayoría de las nuevas construcciones, que el arquitecto considera que “son más ingeniería que arquitectura”. “No tienen ni de lejos la misma calidad que lo que sustituyen. Podría hacerse arquitectura moderna que también fuese pertinente y se convirtiese en patrimonio en el futuro, pero ahora no hay aportes arquitectónicos, se busca solo sacarle el máximo rendimiento al suelo”.
“La especulación inmobiliaria se ha apoderado de Sopocachi”, resume Machicado. El precio de los terrenos se ha disparado en esta zona probablemente más que en otras, pero el fenómeno es generalizado en La Paz. La ciudad está colmatada: “ya no hay zonas de expansión, ya se ha ocupado todo el término municipal, todo su espacio. Por eso el gobierno municipal no tiene contemplaciones con el patrimonio, estimula que la construcción se dé en altura porque si no la expansión rebasa los límites de la ciudad de La Paz, y si la gente que se va más allá ya no va a tributar aquí. Es preferible que se queden dentro del municipio y paguen aquí sus impuestos, cueste lo que cueste”, sentencia Bedregal.
Por eso conviene visitar Sopocachi: memorias de un espacio singular 1900-1980. Porque lo que ahí se contempla ya no se ve fácilmente en la calle. Familias numerosas posando en espacios abiertos, salteñerías, talleres, casas señoriales… y vistas hacia el Illimani y el Montículo que ahora quedan tapados por unas grandes construcciones que se amontonan y se quitan el sol las unas a las otras. Un espacio que ha cambiado y que, en consecuencia, ha hecho que la vida en sus calles sea hoy totalmente diferente. Aunque la exposición se limita a mostrar el pasado, no juzga nada, quien acuda a ella saldrá con elementos más que suficientes para sacar sus propias conclusiones.
Desde una ventana del 2
Óscar García - músico
El Manco de Lepanto tiene las dos manos. Mira desde la altura, se protege entre árboles y jardines a su vez protegidos de la gente. Tiene calza y todo el siglo XVI en el cobre a veces pulido, a veces enmohecido. Parece mirar las calles que solían ponerse azules por la especial luz que al atardecer rebotaba de los adoquines al cielo. Parece ponerse tenso como una quinta cuerda de guitarra flamenca y esperar a que desde más allá, desde el Montículo, provenga una estación de Vivaldi, el domingo, al atardecer, a la hora del Cristo, a la hora que sin mayor explicación hunde a las personas en una pequeña muerte del ánimo, a la hora en que humanos y mascotas vuelven al hogar mirando el suelo, mirando los zapatos.
Pero la mañana supo ser especial. Supo ser mañana de palabra cantada, delineada en onda desde la garganta de dos o tres voceadores plantados en una esquina, arriba, por la Rosendo Gutiérrez o bien al centro, frente al manco con dos manos. Cantada desde que el sol le daba al suelo como una barrida, impulsando a las hormigas hacia la cocina más próxima, hacia la tienda con canasta atiborrada de marraquetas. La palabra cantada anunciando el Hoy, el Hoy, Última Hora, Presencia… cuyo papel es hoy papel de olvido y de historia, con suerte. La mañana de mercado, la de saber que por ahí anda la señora pintada hablando sola sobre la inminente llegada de los marcianos con unos gangochos en los que meterán a todos los humanos de Sopocachi para llevarlos a un lugar en el que serán salvos y felices. La mañana que promete sin lugar a dudas una visita de hambre al chino mala onda, que parecía eterno en la Ecuador y que como todo lo eterno, desaparece un buen día sin ninguna explicación.
Y más abajo, en el territorio de los algodones dulces y de las salteñas romero, que no tuvieron nunca relación ni con la yerba aromática ni con los ojos del poder, se construye un paisaje sonoro hecho de niñez y de mascotas, a la sombra del dedo en el que han hecho nido, últimamente, todas las palomas de la América del Sur. Se construye paz y desorden, hay paz en la contemplación pero hay también paz en medio del torbellino. Y ahí, en medio del movimiento sin tregua de triciclos y chapis persiguiendo a otros chapis, estaba, como una estatua más, el heladero de las fotos al que se quisiera ver al menos una vez más, en otra foto que lo contenga. En Sopocachi, apoyado en las paredes de una casa con chimenea y biblioteca.
“Monólogo sin palabras” por Víctor Hugo Salinas
Víctor Hugo Salinas Pereira presenta “Monólogo sin palabras”, obra enmarcada en el género de teatro sin palabras, que combina pantomima, danza y teatro con objetos. La propuesta será llevada a escena este viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de abril, en funciones de tanda (horas 19:30), en el Teatro de Cámara.
“Monólogo sin palabras es una obra creativa que cuenta diversas historias cotidianas que ponen en práctica la imaginación del espectador mediante el contacto directo con su sensibilidad. En la obra se puede apreciar momentos divertidos, tristes y cuestionadores de realidades frecuentes”, explica Salinas.
La obra dura 40 minutos y es un desafío al silencio y la imaginación del espectador. Está diseñada para 50 espectadores por función y el ingreso es completamente gratuito.
“Monólogo sin palabras es una obra que nos permite soñar y divertirnos con la utilización de pocos elementos escénicos, es un desafío a la desconstrucción de complejos sociales y retorno a la niñez inocente que poco a poco dejamos atrás para convertirnos en adultos que respondan a una realidad social compleja y sobre todo dura”, expresa.
Víctor Hugo Salinas Pereira es un artista escénico que explora distintas artes, como el teatro, la danza y la música. Además trabaja por llevar a los escenarios trabajos creativos y novedosos. Es también director general del Ballet Folclórico de La Paz (BAFOPAZ).
“Monólogo sin palabras es una obra creativa que cuenta diversas historias cotidianas que ponen en práctica la imaginación del espectador mediante el contacto directo con su sensibilidad. En la obra se puede apreciar momentos divertidos, tristes y cuestionadores de realidades frecuentes”, explica Salinas.
La obra dura 40 minutos y es un desafío al silencio y la imaginación del espectador. Está diseñada para 50 espectadores por función y el ingreso es completamente gratuito.
“Monólogo sin palabras es una obra que nos permite soñar y divertirnos con la utilización de pocos elementos escénicos, es un desafío a la desconstrucción de complejos sociales y retorno a la niñez inocente que poco a poco dejamos atrás para convertirnos en adultos que respondan a una realidad social compleja y sobre todo dura”, expresa.
Víctor Hugo Salinas Pereira es un artista escénico que explora distintas artes, como el teatro, la danza y la música. Además trabaja por llevar a los escenarios trabajos creativos y novedosos. Es también director general del Ballet Folclórico de La Paz (BAFOPAZ).
El Ballet Folclórico representará al país en festivales mundiales
El Ballet Folclórico Nacional de Bolivia representará al país en varios festivales internacionales en Francia en los meses de julio y agosto de este año.
El anuncio lo hizo el pasado viernes el director del elenco nacional, Jaime Méndez, en el acto de celebración del 42 aniversario de la entidad estatal.
El Ballet Folclórico, conformado por 26 artistas, presentará su espectáculo del 14 de julio al 20 de agosto en la región de Loir et Cher y en los Festivales de D´Argenton, Montignac, Felletin, Montoire y Cugand.
“Indudablemente, esta es una importante oportunidad para nuestro elenco artístico de proyectarse institucionalmente a nivel internacional y competir con los mejores elencos de danza del mundo de países como Rusia, México, España, China, Turquía y Filipinas, entre otros”, destacó Méndez.
El acto de conmemoración se realizó en el Ministerio de Culturas y Turismo con la participación de la titular de esa cartera, Wilma Alanoca, además de autoridades de las Cámaras de Senadores y Diputados, artistas e invitados especiales.
El anuncio lo hizo el pasado viernes el director del elenco nacional, Jaime Méndez, en el acto de celebración del 42 aniversario de la entidad estatal.
El Ballet Folclórico, conformado por 26 artistas, presentará su espectáculo del 14 de julio al 20 de agosto en la región de Loir et Cher y en los Festivales de D´Argenton, Montignac, Felletin, Montoire y Cugand.
“Indudablemente, esta es una importante oportunidad para nuestro elenco artístico de proyectarse institucionalmente a nivel internacional y competir con los mejores elencos de danza del mundo de países como Rusia, México, España, China, Turquía y Filipinas, entre otros”, destacó Méndez.
El acto de conmemoración se realizó en el Ministerio de Culturas y Turismo con la participación de la titular de esa cartera, Wilma Alanoca, además de autoridades de las Cámaras de Senadores y Diputados, artistas e invitados especiales.
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