jueves, 23 de marzo de 2017

Tarija Elenco de la UCB abrirá festival de teatro



El Festival Nacional de Teatro en Tarija iniciará este viernes con la presentación de la Universidad Católica Boliviana (UCB), uno de los nuevos elencos de la ciudad que participará por primera vez de un evento de esta magnitud.

Según explicó Ana Rosario Choque, encargada de este elenco, el mismo se formó el año pasado y a la fecha cuenta con aproximadamente 20 actores. Además recientemente inició un nuevo taller para que los estudiantes puedan participar de estas experiencias.
En esta ocasión el elenco está presentando de nuevo la obra titulada “Amores Cortos” que pusieron sobre las tablas el año pasado. “La obra habla de temáticas relacionadas con lo juvenil, los enamoramientos y desencantos, pero con un tinte costumbrista, a través de personajes como un chapaco, o un camba”, explicó Choque.
La primera presentación, realizada en marzo de 2016, fue calificada de exitosa por los miembros del elenco debido a la gracia, comedia y romance de misma por lo que creen que este año sucederá otro tanto. “La expectativa que tenemos es muy elevada, pues a la obra le hemos añadido escenas y apariciones especiales y esta vez tenemos al elenco completo”, comentó Cristian Oros, actor de la UCB.
La presentación que inaugura el festival se realizará el viernes 24 en el Paraninfo Universitario a las 19:30 horas y la entrada costará 10 bolivianos.

Una galería permanente lleva el arte a los barrios



Un nuevo espacio para las artes plásticas se abrirá desde este jueves en la Casa de las Culturas Yembatirenda, cuando los integrantes del colectivo Nereta Movimiento Artístico inauguren su exposición permanente. La galería se constituirá en una alternativa para el arte creado desde y para los barrios.

Arte de barrio
Con una chicha de honor se inaugurará a las 17:05 horas de este jueves, la galería permanente de arte del colectivo Nereta en la Casa de las Culturas Yembatirenda, ubicada en el barrio Luís Espinal.
En la misma se presentarán obras de siete artistas: Miguel Tejerina, Armando Arancibia, Sadid Arancibia, Robert Ortega, William Soruco, Divar Torres y Alejandro Mamancayo, todos miembros de Nereta. Además con el transcurso del tiempo los cuadros en exposición serán renovados periódicamente.
El proyecto es el resultado de la unión de fuerzas entre la gestión cultural y las artes plásticas. “Esta galería es una prueba de autogestión tanto por parte de Nereta como de Yembatirenda, ya que ambos somos grupos de cultura viva que vivimos de esto”, informó Sadid Arancibia, miembro del colectivo.
Uno de los objetivos de esta iniciativa es trasladar el arte desde el centro y llevarlo hacia los barrios. “Queremos llegar a la conciencia de la gente, hacerle ver que estos lugares alternativos son necesarios porque la gente de los barrios necesita también conocer y apreciar el arte”, manifestó Arancibia.
Además, el integrante de Nereta dio a conocer que su colectivo tiene planteado para este año realizar exposiciones itinerantes en los barrios. “Queremos que la gente pueda apreciar arte de calidad, pues no porque sea de barrio es más barato o de menor valor que el de galería y que entienda que es un trabajo que hay personas que estamos viviendo de esto”, dijo el artista.

Tertulia
El mismo día, después de la inauguración, se instalará también una tertulia para debatir sobre la situación de los artistas plásticos en el departamento. “Nosotros sabemos cuán difícil es para un artista intentar vivir del arte, que hay muchas de bellas artes o empíricos que quieren hacerlo y se encuentran con dificultades y para ello Nereta se plantea ser un apoyo para ellos”, expresó Arancibia.
En ese sentido, el artista invitó la población en general a acompañarlos, pues no será necesario saber de arte para participar y el interés está en escuchar todos los puntos de vista. “Queremos saber qué es lo que provoca el arte en Tarija y que es lo que piensan sobre ello, y por eso invitamos a que vayan a apoyarnos, que vean, compartan y si quieren tener una obra de arte en su casa, que compren”, afirmó.
El origen
Según comentó el artista, la iniciativa de crear esta galería permanente habría surgido de una anécdota, cuando alguna vez los miembros de Nereta participaron en una feria de Yembatirenda, dejando olvidados por casualidad sus cuadros.
Los gestores ante ello habrían recogido y colgado las obras en el espacio de la Casa de las Culturas generando curiosidad e interés entre la gente que los visitaba, por lo que al momento de pasar los artistas a recogerlos surgió la idea.
“Es un espacio al que entra gente de todos los estratos sociales, desde vecinos del barrio hasta políticos, por lo que creemos que esta diversidad va a permitir que la exposición funcione”, concluyó Arancibia.

miércoles, 22 de marzo de 2017

La Filarmónica de Cochabamba cumple 10 años

Desde su fundación –en 2007, por su actual director titular, el maestro Augusto Guzmán– la Orquesta Filarmónica de Cochabamba (OFC) ha venido realizando una intensa labor por el desarrollo y la difusión de la música universal en Bolivia .

Desde los inicios de esta institución cochabambina, los programas que ha preparado para su público se han caracterizado por su audacia y magnitud.

Atrás quedaron los días en los que la música de orquesta atraía solo “a entendidos” y aficionados.

Hoy, gracias al toque moderno que los miembros de la OFC (guiados siempre por la sólida batuta de Guzmán) han sabido imprimir a sus interpretaciones. Las sublimes melodías clásicas atraen a públicos masivos, incluyendo a jóvenes y niños.

Quien asistió al concierto dedicado a la música de “StarWars” no podrá olvidarlo, el evento volcó taquilla y obligó a duplicar el número de presentaciones. Igualmente, el original concierto “De película”, con diversas bandas sonoras, atrajo una audiencia numerosa y muy entusiasta.

La colaboración con el grupo Octavia en un concierto de rock sinfónico tuvo un enorme alcance mediático.

La lista de conciertos que la OFC ha interpretado para los cochabambinos, a lo largo de las 10 temporadas de su existencia, es larga y “VIP”: sinfonías de Mozart, Schubert, Beethoven, Brahms o Tchaikovsky; el Réquiem

de Verdi, junto la Capella Filarmónica,

o los conciertos para violín de Tchaikowsky, Brahms, Sibelius y Beethoven interpretados por el violinista internacional Rubén Darío Reina; el concierto para piano de Liszt junto al pianista también internacional Dmitris Papateudorou, o el concierto para piano Nº 2 de Rachmaninof interpretado por la pianista boliviana Marianela Aparicio.

Con el mismo ánimo de deleitar a Cochabamba, la OFC presenta dos obras magistrales para arrancar su temporada X Aniversario: La “Heroica”, Sinfonía Nº3 en mi bemol Op. 55 y la Quinta Sinfonía en do menor Op. 67

del compositor alemán L. Van Beethoven, a realizarse el día de hoy y mañana, 13 de marzo, en el Centro de Convenciones “El Portal” a las 20:00 horas.

Una cita imperdible.

Abigail Villafán Ramírez/// La joven actriz y directora teatral del proyecto mARTadero

Conocí a parte de Abigail Villafán (solo ella llegó a la totalidad) el año pasado, después de la presentación de “Llora mi cuerpo y no hay palabras”, a cargo del elenco teatral del proyecto mARTadero. Hinchada de orgullo, felicité a mi gran amiga, Gabriela Nogales, por su fantástica actuación, y le pedí que me señalara a la persona responsable de tal puesta en escena.

Mis prejuiciosos ojos buscaban a un maduro dramaturgo atormentado, de gafas gruesas, saco de pana y peinado excéntrico; pero encontraron a Abigail Villafán, una sencilla y serena egresada de Medicina y directora de teatro de 23 años, que parecían 18, la edad que tenía cuando dejó

de ver al teatro como un hobby, para convertirse

en un oficio apasionante.

¿Cómo empezó este vínculo? Según ella, casi como producto de la casualidad. La primera vez que vio una obra, con solo 14 años. “Me dije ‘Yo quiero hacer esto’, me veía haciéndolo”, recuerda Villafán, para quien el nuevo entorno la inspiró en un viaje interior.

“Me conocí haciendo teatro (...) antes, era una persona que vivía su vida sin mirarse ni mirar su entorno; ahora, me miro en mi realidad, reflexiono, y tengo la necesidad de decir muchas cosas, y la vía que encontré para esto fue el teatro”, explica.

A la par de descubrirse como ser social, Villafán exploró una forma más exigente y comprometida de darse al arte. “Me percaté de que había un grupo de artistas locales que trabajaban a ‘tiempo completo’ en teatro; me acerqué a ellos a través de talleres o viendo sus obras”, rememora Abigail, agradecida con estos primeros maestros por contagiarle su pasión por la actuación y, de alguna manera, guiarla en su transición hacia la dirección, esfera que ahora ocupa casi todas sus escasas horas libres. “No me dedico solo a hacer teatro, comparto mi oficio teatral con mi oficio médico, ambas experiencias me han sido necesarias”, indica Abigail, quien asiste a presentaciones, talleres y ensayos “cuando puede”, para ella estas tareas son parte de su carrera, de su vidas.

“[Hay] personas que ven el oficio como algo fácil de hacer, y eso le quita mucho del gran valor que tiene esta actividad y le juega en contra al rubro”, reflexiona con tristeza.

EN NUESTRO PAÍS

Si ser médico, maestro, abogado o ingeniero ya es difícil aquí, tener al teatro como profesión no debe ser menos ingrato. “Tenemos muy pocas políticas estatales que amparen y apoyen el oficio, por donde lo mires estamos en desventaja”, observa.

Son estas adversas circunstancias las que, como ha visto tantas veces, empujan a talentos jóvenes, por factores económicos y de tiempo, a abandonar el teatro. “Eso siempre me apena. Me gustaría decirles que eso es a lo que nos enfrentamos aquí, y hay que tener voluntades de hierro. Los que estamos acá haciendo teatro tenemos mucho por hacer, y eso es maravilloso. Personalmente no me desanima, me alienta, Bolivia es un país culturalmente poderoso”, afirma.

Sí, para dedicarse al teatro en nuestro país, sin morir en el intento, hay que ser optimista, y tener ejemplos a seguir. Para Abigail son figuras nacionales como Claudia Eid, Jorge Alaniz, Diego Aramburo, Lia Michel, Patricia García, Alejandro Marañón, Winner Zeballos, Laura Derpic, Mauricio Toledo, Camila Urioste, Paola Oña, por nombrar algunos.

PRÓXIMOS PROYECTOS

“Estamos preparándonos para las temporadas de teatro 2017 con La Mala-Teatro. Presentaremos tres obras, entre marzo y abril”, cuenta Villafán, quien además se encuentra montando la obra “Necesitados”

–texto propio, junto a un grupo llamado ‘Escena visceral’– y una nueva pieza, con el elenco del mARTadero, proyectos que se estrenarán en junio.

¿El público local les dará oportunidad? Contagiada por la energía de Abigail, quiero creer que sí.

David Santalla, escritor de memorias

EL GUSTO POR ESCRIBIR

“Lee, lee mucho, es lo que me dijo el doctor. Como no podía moverme comencé a escribir en la computadora. Tuve que aprender a escribir de nuevo. Así fui recuperando la memoria, poco a poco”.

Así cuenta David Santalla cómo hizo la lucha para recuperarse después de sufrir una hemorragia cerebral que lo mantuvo internado, hace dos años.

El intérprete de los conocidos personajes como Toribio, Salustiana, Enredoncio, doña Liboria, entre muchos otros más, ahora está dedicado a escribir la biografía de su padre, el coronel de aviación Alfredo Santalla Estrella, héroe de la Guerra del Chaco. Asegura que su talento artístico lo heredó de su papá, quien era amante del teatro.

Al margen de su prolífica actividad artística y humorística, David Santalla ha escrito dos libros autobiográficos: “Aquel niño travieso que fui” y “Aquel jovenzuelo que fui”. En ambos relata sus travesuras infantiles y sus anécdotas como adolescente.

A pesar de ser el cuarto hijo, Santalla (nacido en La Paz, el 16 de agosto de 1939) confiesa que tuvo una infancia solitaria. Sus dos hermanos mayores no lo incluían en sus juegos. Así que comenzó a jugar con las piedras que encontraba en el patio de su casa, en el barrio Miraflores de su ciudad. “Las pintaba, hacia ciudades con las más grandes, creaba personajes”, recuerda con cierta nostalgia.

Un momento determinante en su vida fue el exilio de su padre a Chile por el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Al poco tiempo, decidió ir a su encuentro y emprendió la aventura solo. Por tierra hasta Arica y, de ahí, por barco hasta Santiago.

Su padre se había enterado del viaje de su hijo y fue a su encuentro. “Recuerdo que vi un bote acercándose al barco donde iba. Era un militar y mi padre. Cuando nos encontramos, perdí todo el aplomo y me puse a llorar, y él conmigo”, rememora.

David Santalla estudió la secundaria en el Internado Nacional Barros Arana en Santiago de Chile, de donde salió bachiller. Cuenta que nunca fue discriminado por su nacionalidad y siempre fue defensor del derecho boliviano a una salida soberana al mar.

Sus primeras armas de actor las practicó en el colegio, como un personaje secundario en la obra Médico a palos (de Moliére). Luego incursionó en radio, pasó por las cabinas de las radios La Reina, Magallanes y Bienvenida.

EL RETORNO A LA PATRIA

Volvió a La Paz después de una década a pedido de su madre, Lilí Barrientos Méndez. A su llegada, comenzó a explorar con ojos de extranjero. Le llamaba la atención la forma de hablar de las personas de las distintas regiones del país y tenía interés en sacar esos acentos.

Estudió la carrera de Construcción Civil en la Universidad Mayor de San Andrés, donde se recibió como ingeniero civil. Antes, hizo cursos en el Instituto Pedro Domingo Murillo como Químico Industrial. “Entonces, no habían muchas construcciones como ahora”.

Con el respaldo de su padre, quien a su retornó a Bolivia logró ser reconocido con el grado de general de las Fuerzas Armadas, y sus habilidades para la gimnasia, obtuvo el cargo de instructor en el Colegio Militar. Luego entró a trabajar a radio Méndez y Amauta.

Cuenta que su paso por las radioemisoras le permitieron comenzar con la actuación. Tuvo la oportunidad de conocer a Hugo Eduardo Pol, un hombre de trayectoria en la radio. Ambos crearon los personajes Alí y Babá, con los que incursionaron en la radio, en el teatro y en la televisión.

Sobre el personaje Toribio, dice que le puso un acento particular para disimular el dejo chileno que aún conservaba. “Toribio empezó hablando como alemán y luego con un tono paceño quejumbroso”, explica.

Pronto nació Santallazos y el personaje Enredoncio, el hombre cascarrabias que contradice todo cuanto escucha. Fue creando más personajes como la viejita achacosa, doña Liboria y la imilla Salustiana. David se vestía de una cholita tímida y, a la vez, osada, que pronto conquistó al público.

David Santalla también hizo cine, fue el actor principal de “Mi socio”.

cambio de hábitos

Hace dos años, tras la hemorragia cerebral que lo afectó, cambió sus hábitos de vida. Ahora se levanta todos los días a las seis de la mañana y realiza rutinas de gimnasia con pesas livianas. Lo hace -por lo menos- unos 30 minutos. “A veces me paso de la hora”, dice.

Confiesa que a un principio el dolor muscular era insoportable, pero con el tiempo desapareció.

Evita la sal porque es nociva para la salud. Dice que cada verdura tiene su propio sabor. Come mucha ensalada, sazonada solo con limón o vinagre de manzana. “Extraño cuando no hay una ensalada en la comida, aunque no soy vegetariano”, dice.

Santalla no dejó de lado la actuación y se prepara para presentar su última comedia hoy en el cine teatro Astor. Para él es importante su trabajo porque “el humor es cosa seria”.

Hoy en el cine Astor

Celebrando sus 55 años, “Santallazos” retorna a Cochabamba para presentar la obra: “La Imilla, una Bruja y el Wampiro”.

Una comedia en tres actos, escrita y dirigida por el maestro en artes escénicas, David Santalla.

Santallazos estará hoy en el cine teatro Astor, en función de tanda, a las 19:45.

Las entradas se pueden adquirir

de 10:30 a 12:30

y de 15:30 a 20:00.

Personajes

David Santalla también formó parte del elenco del programa televisivo Esta boca es mía y compartió escenario con Tra-la-lá show.

Los personajes nacieron de las exigencias del argumento de las obras. Dice que Salustiana estuvo inspirada en una trabajadora del hogar que los acompañó por

muchos años.

Carrera

La carrera artística de Santalla empezó a finales de los años sesenta, con la difusión del programa radial Alí y Babá junto al humorista Hugo Pol.

En los años 80 trabajó en muchísimas obras teatrales. Interpretó a personajes de moda, transformó a He Man en Pascual Gilman.

Su programa de humor Santallazos estuvo muchos años en la televisión.

El mARTadero, espacio de vida

12 aniversario. El año 2004, un equipo de gestores culturales y artistas se propuso recuperar una histórica edificación, construida ocho décadas antes, para proveer de carne animal a la población de Cochabamba. Hoy, este antiguo escenario de muerte es reconocido como una referencia mundial de arte y cambio social.

Una de las creencias del esoterismo (la doctrina del mundo metafísico) es que ciertos lugares tienen una energía especial, que atrae sucesos y formas de vida que otros espacios no. Si el área actualmente ocupada por el Proyecto mARTadero es o no un “lugar mágico” no se puede afirmar, pero tal hipótesis no resulta tan desquiciada a la luz de algunos hechos de su historia, tan bien compilada por Fernando García, director e impulsor de esta iniciativa cultural desde su creación, hace 12 años.

Cuando, el año 2004, él, Angélika Heckl y un grupo de artistas eligieron a este deteriorado edificio como el escenario de la segunda versión de un encuentro nacional, su intención era recuperar y resignificar un bien, a su sazón, de alto valor patrimonial.

Sin saberlo aún, habían iniciado el renacimiento de una obra modelo de la ciudad y el origen de un espacio artístico modelo del continente.

LA CORONILLA DEL AYER

De la vida precolonial de los alrededores de la colina de la Coronilla solo se encuentran algunas evidencias, como el paso de los Urus y huellas de la cultura tiahuanacota.

Es el 27 de mayo de 1812 cuando se escribe el primer capítulo documentado de esta zona de la ciudad. Buscando sofocar la primera revolución libertaria del Alto Perú, José Manuel de Goyeneche llegó a Cochabamba, cuyas autoridades y hombres estaban dispuestas a rendirse para evitar el enfrentamiento.

Con vía libre, las tropas realistas del militar peruano se asentaron en los sembradíos donde un siglo más tarde se levantaría el mARTadero.

Indignadas por la pasividad de los líderes y los saqueos perpetrados por las fuerzas de Goyeneche, un grupo de mujeres –en su mayoría comerciantes populares– lideradas por Manuela Gandarillas y Manuela Rodríquez (esposa de Esteban Arze) –qué valor de las Manuelas– se organizaron en un ejército, con machetes y cacerolas como armas. Murieron ese día, para vivir por siempre en nuestra memoria.

A pesar de la trágica derrota, este hecho marcó profundamente la identidad del lugar, mismo que, una vez conseguida la independencia, se desarrolló en torno al imaginario de lo popular, con la plaza San Sebastián como la tarima de actividades de alta adrenalina y baja reputación, como peleas de gallos y corridas de toros, animales estrechamente relacionados a la fiesta del santo patrono del barrio.

Entre las celebraciones taurinas, las costumbres “de dudosa decencia” y los espectáculos realizados en el “Acho” (ancestro del ahora coliseo de la Coronilla) la zona comenzó a ser estigmatizada por las élites –que tenían a la plaza principal, 14 de Septiembre, como su núcleo de interacción– dejándola social, simbólica y geográficamente relegada a usos “de escaso prestigio”.

Prueba de ello: el traslado del matadero de la ciudad, de su lugar original en la actual plazuela Corazonistas, hacia el barrio también conocido “de la Curtiduría”, el año 1889, “por razones de salubridad” y las ventajas de la nueva ubicación (cerca del río Rocha).

Poco después de la expropiación del terreno escogido (hasta entonces perteneciente al señor Ambrosio Vera), los trabajos de faenado de reses comenzaron; las obras de adecuación del nuevo local podían esperar, el hambre carnívoro de los cochabambinos no.

De hecho, las obras esperaron más de dos décadas. Para 1918, la situación del precario matadero era tan deplorable que se comenzó una tarea seria para la construcción de uno moderno.

Finalmente, fueron los señores Félix G. Sarmiento, Wálter Morató Z. y el español Miguel Tapias quienes se comprometieron ante el Concejo Municipal a construir el camal. La resolución de 10 de julio de 1924, además, compelía a la firma a colaborar en esta labor “solidariamente”. Bueno, los empresarios sí invirtieron dinero de su bolsillo, pero como buenos hombres de negocios, aseguraron el rédito, acordando que, a cambio, serían económicamente beneficiados por la explotación del carneo durante los primeros 15 años de funcionamiento.

Así, en 1925, en el centenario de la declaración de la independencia, se entrega la obra, considerada “un modelo en su género”. Para el año siguiente, habilitados los servicios básicos mínimos, el nuevo matadero era el orgullo de la ciudad, sentimiento que, como la carne en los intestinos humanos, fue degradándose hasta desear su expulsión, por decir algo amable.

UNA DÉCADA PARA NADA

El progresivo deterioro del edificio, aunado a los pocos esfuerzos por su conservación y limpieza, convirtieron al antiguo matadero en la verruga del barrio (actual Villa Coronilla). Cansados de su mal aspecto, desagradable olor y posible peligro, los vecinos exigieron el cierre del establecimiento, cosa que lograron en 1992.

Para no desperdiciar el área, se decidió usarlo como una escuela deportiva. Pero, como para hacer funcionar un centro se necesita más que un letrero, la iniciativa fracasó (los niños debían “entrenarse” en medio de maquinaria en desuso, con el riesgo de herirse, muebles viejos y restos petrificados de carne esparcidos por todo el lugar).

Prácticamente reducido a un depósito de chatarra, el sitio fue dejado en el olvido, situación que fácilmente podría haberse lamentado hasta el día de hoy; pero esa energía “especial” entró nuevamente en acción. Como Tapias casi un siglo antes, otro español llegaría a este rincón citadino y encontraría una apagada belleza, digna de ser recuperada.

El [re]nacimiento

El año 2002, reunidos por la incomprensión hacia su trabajo, un colectivo de artistas organizó y realizó la primera versión del Concurso Nacional de Arte Contemporáneo (Conart), que tuvo lugar en Cochabamba, la primera ciudad en acoger un evento de este tipo.

Motivados, prepararon el II Conart, pero esta vez tenían en mente un nuevo lugar de encuentro: el exmatadero. “Lo veíamos al pasar”, cuenta Fernando García, arquitecto urbanista, con ese acento típico de su país de origen, España, de donde vino hace varios años, para trabajar en un proyecto educativo, en calidad de voluntario. Como su predecesor, Tapias, fue extendiendo su estadía hasta que se convirtió en un ciudadano boliviano más.

En la medida que sus posibilidades lo permitieron, arreglaron el abandonado edificio municipal y desarrollaron la actividad con tal éxito que el entusiasmo dio paso a una idea magnífica, la de recuperar esos tres mil metros cuadrados y, sin negar su pasado, darles la oportunidad de otra vida y otra función social.

Ya organizados como asociación (bajo el acrónimo NADA, Nodo Asociativo para el Desarrollo de las Artes), García, Angélika Heckl y artistas como Ramiro Garabito, Ivette Mercado, Limbert Cabre- ra, entre otros, elaboraron la propuesta de intervención, sostenida en tres pilares: gestión cultural, recuperación arquitectónica y sostenibilidad económica. “Lo presentamos al Concejo Munici- pal de Cochabamba y, por unanimidad, en marzo del 2005, nos lo otorgan por 30 años, en concesión de uso de suelo e inmuebles”, relata García.

La visión de la entonces oficial Mayor de Cultura, Jenny Rivero, y el compromiso de Patricia Dueri y la Sociedad de Estudios Históricos Patrimonio y Restauración (Sehipre) hicieron posible que el proyecto no terminara enterrado en alguna oficina pública. El mARTadero empezaba a andar, pero nadie dijo que los primeros pasos iban a ser fáciles.

Los conflictos internos de la zona (en un momento, cuatro OTB’s se disputaban el poder del barrio), el incumplimiento de la Alcaldía respecto a algunas condiciones del acuerdo (se quería seguir usando al sitio como depósito) y los prejuicios hacia los miembros del equipo (vistos como “extranjeros hippies”) retardaron los procesos de transformación que trataban de llevar adelante.

Sin embargo, la voluntad perseveró y a pesar del aroma desagradable, las paredes manchadas de sangre y las falencias del poder público, NADA logró inyectar de vida este espacio de muerte. Como bien explica Susana Obando, coordinadora de Interacción Social y encargada del Grito Rock 2017 –la mega actividad que se desarrollará este 25 de marzo, articulándose con el 12 aniversario– lo que el proyecto mARTadero hace es generar “nuevas formas de hacer gestión cultural”, y con ello, la resignificación de una parte de la ciudad de Cochabamba.

Miguel Tapias, “don Fierro”



Nacido el 25 de junio de 1889 en Mataró –sí, quien luego construiría el icónico matadero– (España), Miguel Tapias y Pont fue parte de la ola migratoria hacia América de principios del siglo XX. Con promesas de trabajo, el año 1909, con solo 20 años, se embarcó hacia Buenos Aires, Argentina.

Pero durante el viaje, el destino hizo su jugada. La muerte de un pasajero, en pleno trayecto, dejó a su viuda e hija solas para llegar a su destino, la ciudad de La Paz, en Bolivia. Conmovido, el joven Tapias se ofreció a acompañarlas, gesto que despertó tal gratitud en la doliente señora –según García, abuela de Carlos Mesa Gisbert– que lo ayudó a conseguir algunos trabajos, despertando en el español, un todavía inmaduro deseo de quedarse en nuestro país.

¿Cuál fue el factor decisivo? Probablemente solo Tapias y sus seres más cercanos lo supieron, pero después “de varios años en la Sede de Gobier- no, decidió mudarse a Cochabamba, iniciando una exitosa carrera como constructor y empresario” (García 2009: 23).

Con el tiempo, logró reunirse con su esposa, María Vilagrasa Ribas, y el resto de su familia directa, en su nueva patria (a la natal no la llegaría a pisar nunca más).

Ya en la Llajta, Tapias dio inicio a una prolífica labor en el campo de la construcción, ello a pesar de no tener un título de arquitecto –en los anuncios publicitarios se presentaba como “constructor”–, cosa que no impidió que fuera señalado como tal por publicaciones de la época, que reconocían su contribución al embellecimiento de la ciudad con llamativas obras.

Fernando García rescata la siguiente descripción, contenida en el segundo tomo de “El Libro Hispano-Americano”: “Desde su llegada a Bolivia en el año 1909, don Miguel Tapias (...) desplegó en todas sus actividades un entusiasmo tal que, en el presente, su nombre, figura en calidad de socio activo en varias firmas comerciales importantes de la ciudad de Cochabamba, además de su labor como constructor de la cual hay innumerables pruebas en esa ciudad, entre las que se destacan los siguientes edificios construidos bajo su dirección: Matadero Público, Iglesia de las Capuchinas, Casa de las monjas Santa Clara”. A las citadas edificaciones se suman la casa Bickenbach (frente a la plaza 14 de Septiembre), el primer bloque de la Facultad de Medicina “Aurelio Meleán” (UMSS), la sede del Colegio de Arquitectos y la extinta Casa para el Poeta José Aguirre” (cerca de la plazuela 4 de Noviembre), demolida el 2007.

“Don Fierro” solían llamarlo sus hijos, debido a su carácter tenaz y firme. Aunque tuvo seis –Miguel, María, Óscar, Enrique, Jaime y Antonio– solo los cuatro menores llegaron a la adultez, y se involucraron en el oficio de su padre.


Víctor Hugo Antezana, considerado el mejor acuarelista de Bolivia fue enterrado ayer

Víctor Hugo Antezana, considerado el mejor acuarelista de Bolivia fue enterrado ayer con un sentido homenaje que le rindieron sus amigos, familiares y colegas del pincel. Los restos del artista yacen en el sector de notables del Cementerio General de Cochabamba.

El artista fue heredero de un legado único que dejó el artista cochabambino más brillante del siglo XX, Gíldaro Antezana (1938-1976), quien también dejó este mundo por un hecho fortuito, un accidente de tránsito.

Cerca a la medianoche del domingo, Víctor Hugo había tomado un taxi para retornar a su casa y un ladrón lo interceptó dejándolo con serios golpes en la cabeza y el pecho. Sin tomarle mucha importancia, Antezana retornó a su casa y tampoco pudo visitar a un médico por el bloqueo que habían protagonizado transportistas en Quillacollo, el lunes.

El recuerdo y el legado del artista queda plasmado en las miles de obras que dejó para sus amigos y admiradores de su arte, quienes no perdieron la oportunidad de darle el último adiós ayer en el velorio instalado en el salón de exposición de arte, que lleva el nombre de su padre, Gíldaro Antezana.

Ninguno de sus hijos y familiares puede precisar la cantidad exacta de obras que trabajó, ni tampoco los innumerables reconocimientos y premios que consiguió para Cochabamba en concursos nacionales e internacionales.

"El siempre se llevaba el primer o segundo premio de todos los concursos", asegura su colega y amigo Ruperto Salvatierra.

Él había incursionado en el realismo natural que fue lo que lo distinguió entre todos. "Se enfrentaba a la naturaleza y lograba obtener el color real", destacó Amadeo Castro. "Se fue justo cuando empezaba a descollar en una nueva espera de su arte, pero que queda como una puerta abierta para las nuevas generaciones, porque él siempre fue muy generoso al enseñar su técnica", destacó la asambleísta Estela Rivera.

"Era un acuarelista de gran calidad", realzó su colega Jesús Florido, quien recuerda los viajes que hicieron a Ecuador donde quedaron maravillados con las exposiciones del artista.

Florido recuerda también el amor que Víctor Hugo tenía por la música y la cultura boliviana en general. "Recuerdo que cuando viajábamos a Ecuador con Víctor Hugo, Amadeo Castro, Ruperto Salvatierra, Iván Castellón, Elio Nina y otros, un grupo peruano presentó la canción ‘Wayayay’ como un tema ‘andino’, Víctor Hugo paró todo para decir al auditorio que esa canción era de Los Kjarkas, un grupo bo-li-via-no".

Sus amigos lo recuerdan como alguien sencillo, cariñoso, humilde y algo tímido. Tras la muerte de Víctor Hugo, solo queda uno de los hijos de Gíldaro Antezana que sigue su legado, Darío Antezana. De los ocho hijos cuatro se dedicaron al arte pero dos de ellos murieron.

"Son magníficos ambos -Víctor Hugo y Darío-. Tienen trabajos extraordinariamente bellos. Víctor Hugo es el mejor acuarelista que hemos tenido y Darío debe ser el artista boliviano que más premios y reconocimientos ha recibido", destacó la asambleísta Rivera.

La población queda expectante de saber si alguno de sus hijos, Víctor Hugo Antezana Siles, de 31 años, Víctor Hugo de 19 y Diego de 14 seguirán el camino de su padre.

Arte, Pintura, Cultura, Teatro