sábado, 18 de marzo de 2017

Marcelo Suaznabar un orgullo orureño en la plástica mundial

Mis pinturas siguen la tradición de la alegoría y el didactismo de pintores como Hieronymus Bosch. También englobo elementos de la tradición surrealista aunque mis imágenes no son "automatist". Tienen más en común con el surrealismo como acceso al mundo subconsciente o de ensueño. Sin embargo, mis intenciones conscientes son comentar la inminente catástrofe ambiental que se vuelve cada vez más inevitable debido a la estructura de la sociedad humana, con toda su codicia y tentación para el alma.

Como artista boliviano, experimenté una colorida y polinizada versión del cristianismo, llena de milagros como la Virgen de la Candelaria. Es muy conmovedor para mí ahora utilizar el tema bíblico del Apocalipsis como una hoja para expresar su preocupación por el medio ambiente. Las criaturas fantasmagóricas alinean estos límites entre la Tierra, el Cielo y el Infierno, exhortando la redención o proveyendo tentación.

Crecí en la ciudad de Oruro, en la región del Altiplano del sur de Bolivia, que es desértica, pero paradójicamente conserva un sentido de lo mágico. Mi padre tenía una granja allí, así que tengo una afinidad instintiva con los animales y el paisaje. Algunas de mis pinturas hacen uso de los ajustes desolados que hark de nuevo a esta región. Combino animales con seres humanos en formas híbridas.

También se convierten en muebles, estirados como sofás o limusinas.

Mi estilo de pintura es realista ingenuo y esto me ayuda a introducir el humor, la transformación y hacer alusiones inusuales. Así, un árbol se arranca sobre una mesa. Es cómico pero también indica que el árbol murió para que la mesa pudiera vivir. El mobiliario se utiliza como un apoyo para presentar ideas absurdas, como una cama con dosel tan alta que sólo una jirafa podría llegar a él, mientras que los arlequines del circo montan monociclos altos en entornos oscuros.

También utilizo el texto en pancartas para que el lenguaje se transforme en una sustancia física, poética y se vierte de las bocas como cintas. Esta convención fue popular en el Renacimiento. He desarrollado un léxico de símbolos que utilizo en diferentes pinturas: así el huevo, simbolizando la fragilidad de la vida o el cubo que representa lo construido o hecho por el hombre. Los relojes expresan urgencia teleológica. Los tableros de damas de los cuadrados blancos y negros toman el lugar del paisaje en muchas obras, indicando la colonización humana de la naturaleza. La naturaleza mecánica de la invención humana invade el orden natural de las cosas. El código de barras representa una presencia deshumanizante, ya que nos convertimos en números justos.


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