domingo, 15 de mayo de 2016

En el Teatro Municipal Hugo Pozo y su elenco llevan a escena La Chaskañawi

La Compañía de Teatro Hugo Pozo – Bolivia “reestrenará” la novela La Chaskañawi, original de Carlos Medinacelli, en la temporada que presentará el 17, 18 y 19 de mayo en el Teatro Municipal “Alberto Saavedra Pérez”.

La obra es un clásico de la literatura boliviana y será llevada a escena nuevamente gracias a la adaptación realizada por Hugo Pozo Arias, quien cumple 44 años de actuación este 2016.

“Hemos decidido presentar la obra a pedido de la mayoría de los profesores de literatura. La temática habla de los republicanos y liberales, era la época de 1925… cuando había esa discriminación, ese separatismo del cholaje con los señoritos de la clase alta, representados por los republicanos y liberales, respectivamente. Carlos Medinaceli ha escrito esta obra en 1947, son más de 68 años y, claro, la temática es la misma, se ha profundizado. Como a los chicos no les gusta leer, el teatro se ha vuelto una buena alternativa para que, al margen de divertirse, sepan qué ha pasado en esos años, porque ahora todo es imagen, todo es cine, tele, teatro”, explicó el experimentado actor y director, quien ya presentó la obra hace muchos años.

En La Chaskañawi actúan conocidas figuras de la escena nacional, como Ruth Severich, Ricardo Ramos, Luis Zamorano, Fordan Ayraldi, Miriam Quity, Guery Pozo y Mauricio Jaúregui junto a 40 actores de la compañía teatral con el marco musical del grupo Chakanamanta.

LA HISTORIA

La Chaskañawi, por una de esas circunstancias de la vida, ve la suya unida, por lazos invisibles, pero torturantes y recios a la de un joven universitario, educado en la culta Charcas.

Cuando el estudiante llega a su aldea natal y por matar el tedio que le causa la vida en ella, conoce a Claudina García (La Chaskañawi), una bella joven criolla, quien hace desaparecer el mundo de sus abstractas ideas, que es sustituido por amor.

Adolfo Reyes y Claudina García llegan a enamorarse a primera vista y a amarse apasionadamente, pero es tan grande ese amor, que los separa en vez de unirlos, porque su educación es distinta, al igual que sus sociedades. Sus ideas diferentes abren una brecha profunda de clases sociales.

Adolfo tiene el cerebro rebosante de una cultura occidental, sin maduración, porque el mundo en que nació era inapropiado y no le proporcionaba los medios necesarios para aproximarse a la hembra inculta criolla, pero suprema a quien ama y eso le causa un dolor indefinible.

En cambio, gente sencilla y de costumbres plebeyas, como Miguel Mariscal (narrador de la obra), Óscar Reyes y otros llegan hasta La Chaskañawi y gozan del encanto de su jovial y voluptuosa amistad porque son de su clase.

Para Claudina, Adolfo Reyes constituía un ser extraordinario y superior, pero debe alejarse de su amistad y su amor y buscar “su propio medio social” porque es prohibido amarlo, por eso trata de “inferiorizarlo” y lo “inferioriza” hasta causarle una herida profunda sin fondo.

La Chaskañawi ríe alegre y despiadadamente, mientras él (Adolfo) sufre y se convierte en un hombre taciturno, renegado de la vida. Se casa con otra mujer y pronto se hastía de su hogar.

Claudina se aleja del pueblo y las dos vidas truncadas parecen eternamente separadas. Después concluye la novela con el epílogo brillante y de singular realismo, como todo ella.

El autor Carlos Medinacelli dice: “Adolfo Reyes, pareja de La Chaskañawi, era fruto de una raza vieja, decadente, en cuyo cuerpo estaba agonizando una antigua estirpe, con los problemas y el hastío de los hombres de esa civilización agónica”.

“La Chaskañawi sintetiza el problema de las clases sociales, económicas y de discriminación racial que permanecen y hasta alguien dijo se profundizó en la actualidad. No sólo en Sucre y Potosí, donde se desarrolla esta historia, sino también en La Paz y en toda Bolivia”, concluyó Pozo.

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