lunes, 15 de febrero de 2016

UNA UTOPÍA PARA BOLIVIA Vivir de la danza



Vivir de la danza a nivel profesional es algo por el momento inimaginable en Bolivia. Sin embargo para la bailarina boliviana de proyección internacional, Andrea Carolina Escobar y para el reconocido maestro inglés de danza, David Steimer, es mucho más que eso… algo así como “una religión” tal cual ellos mismos afirman, pues su vida entera la han dedicado a bailar, enseñar y difundir esta expresión del arte.

ECOS aprovechó su visita a Sucre, -donde llegaron para impartir un taller-, oara conocer sobre la danza profesional a partir de sus experiencias en éste país en otros del mundo. Esta talentosa pareja, desde su visión, ofrece una nueva perspectiva y vierte criterios que podrían permitir vislumbrar Compañías de Danza en ciudades como Sucre o Potosí que sean espacios para que bailarines y maestros puedan vivir de su arte y los talentos no salgan fuera de Bolivia en busca de oportunidades.

Esta es también una historia de amor pues ambos bailarines son recién casados y en San Valentín cumplen aproximadamente dos meses luego de haber sellado su compromiso. Se conocieron hace dos años, cuando David fue maestro de la joven bailarina. Ambos enamorados están unidos por el lazo de la danza que ha derribado barreras culturales y generacionales.

Mundo paralelo
El mundo de la danza parece funcionar en paralelo al de la mayoría de los mortales. Mundos que sólo tienen oportunidad de cruzarse en los teatros donde las producciones maravillan a los espectadores que disfrutan del resultado final del trabajo de bailarines, maestros, sonidistas, luminotécnicos, maquillistas, encargados de vestuario o escenografía.

“Vivir del arte es un privilegio. Es otra la entrega, otra la visión, otro el aprendizaje y la intensidad del trabajo”, dice Andrea Carolina Escobar quien domina varias técnicas como la danza clásica, contemporánea, jazz, tango, entre otras.

A veces la vida de un bailarín profesional es incomprendida pues puede resultar difícil entender que está trabajando ocho horas al día haciendo danza simplemente. Que puede no haber fines de semana. “Cuando la gente está descansando el bailarín está trabajando o viceversa, con tiempos cortos de descanso porque tienen que estar constantemente entrenando. Por eso los bailarines siempre están en su propio mundo”, coinciden David Sturmer y Andrea.

Complementan indicando que los bailarines no son personas totalmente integradas porque hacen cosas totalmente diferentes. Por ejemplo las chicas y los chicos bailarines, antes que estar compartiendo con los amigos, van a preferir descansar porque luego tienen que ir a clases de danza. Cita el ejemplo de los niños balletistas del Teatro Colón de Argentina quienes comienzan sus clases a las 8 de la mañana y salen al medio día para luego tomar más clases privadas de danza. En cuanto al colegio convencional, no van y sólo asisten a rendir exámenes para los cuales se preparan en clases particulares.

Bailar en una compañía
Una Compañía de Danza Profesional tiene una estructura diferente a la de una Escuela de danza. Normalmente su director administra un presupuesto que debiera ser estable, aunque los directores vayan cambiando.

Realiza muchas más funciones que una escuela y también es un generador de recursos. En la compañía el director y los bailarines ganan un salario por su trabajo. Lo ideal es que además tenga una escuela de danza donde los aprendices paguen una mensualidad que ayude a solventar algunos gastos que pueda tener la compañía.

También puede ser autosustentable y apoyarse en recursos económicos de sponsors o auspiciadores, como de las recaudaciones de sus espectáculos y de su escuela. David cita como ejemplo a una pequeña compañía de Frankfurt en Alemania que tiene Teatro, Ópera y Ballet.

Según lo que explican ambos, el trabajo en una Compañía es mucho más exigente y distinto al de una escuela, desde el manejo de ensayos, las horas de trabajo, hasta el vestuario, donde por ejemplo las zapatillas de punta son otorgadas sin costo a las bailarinas (unas zapatillas de punta duran aproximadamente 2 meses para una bailarina profesional y algo más para una estudiante. El costo oscila alrededor de los $us 70 por par).

“Trabajar con compañías de danza es mucho más que una carrera, es una forma de vida, un trabajo profesional, casi una religión”, dice ella y agrega que ésta ofrece una meta, un desafío a los bailarines pues allí ingresan los mejores de los mejores. “En Bolivia los alumnos no tienen a dónde más ir. No hay una posibilidad de ascender y se estancan”, concluye a tiempo de enfatizar que una compañía es también un escenario dinámico para capacitación de bailarines y maestros.

La danza profesional en Bolivia
Luego de que Andrea fue recientemente invitada a ser Directora del Ballet Oficial de Bolivia, la pareja presentó un proyecto para reactivar la institución a nivel profesional pues se encontraron con un panorama triste a diferencia de algunos años atrás cuando el mencionado ballet gozaba de más apoyo y estabilidad.

Lamentablemente su proyecto no fue aceptado a pesar de ofrecer uno de los presupuestos más bajos para un ballet oficial en Latinoamérica. “Si no podemos generar trabajo no vale la pena tomarlo porque sólo darían dos ítems para dos cargos y el resto de los bailarines seguirían sin saber lo que es “vivir de su arte” y ganar un sueldo digno”, dice Andrea Carolina.

En su diagnóstico del Ballet Oficial, concluyeron que cuando cambia el director, luego de 3 o 4 años de seguridad, el presupuesto, los ítems y contratos se derrumban. Lo que no debiera suceder aunque los directores, autoridades de gobierno o de instituciones culturales cambien.

David agrega que en Alemania hay compañías donde los contratos son de sólo un año, pero el fondo de dinero o budget, siempre permanece, entonces el Director entrante tiene un presupuesto seguro para cubrir los gastos. A lo que Andrea agrega: “Los bailarines necesitan vivir, la suya es como cualquier otra profesión. En otros países a los bailarines se les paga muy bien. Es una carrera muy exigente, muy corta y muy honorable pues genera respeto y reconocimiento en la comunidad”.

La edad de oro en la danza Argentina
Aunque aún no se conocían, David y Andrea desempeñaron importantes roles en la que ellos llaman la Edad de Oro de la danza argentina, calculada desde fines de la década de los 90 hasta el 2010 aproximadamente que se caracterizó por la producción de muchos espectáculos y reconocimiento internacional que obtenían sus bailarines.

De esa época Andrea recuerda a Julián Cotté, uno de los King of the Dance (los mejores del mundo), quien actualmente es primer bailarín del Ballet Nacional de Canadá; la experiencia con el Ballet de Maximiliano Guerra (actual Director del Teatro Colón) o con la compañía de Julio Bocca de cuyos espectáculos tenía que salir escoltada por guardaespaldas a la puerta porque la gente se abalanzaba buscando autógrafos y fotos con los bailarines.

Para tener una compañía de danza
En Alemania una ciudad de más de 80.000 habitantes tiene derecho a fundar una compañía de danza. En Lima además del Ballet Oficial de Perú, en la ciudad funciona el Ballet Municipal cuya infraestructura fue recientemente renovada y reúne todas las condiciones.

Un presupuesto relativamente estable que garantice su funcionamiento sin interrupciones es fundamental. Se suma un salón de trabajo con un buen piso, un buen escenario, camerinos con calefacción, baños, duchas y un pequeño restaurant… “como crear un estudio parecido al de Amparo Silva de Sucre”, dicen que es donde estuvieron dando un taller.

Andrea quien tuvo oportunidad de bailar en el Teatro Gran Mariscal para el Festival Internacional de la Cultura el 2013, reconoce que es un hermoso teatro pero que los camerinos no reúnen las condiciones adecuadas. También percibió que no tiene iluminación propia para montar un espectáculo de nivel. “Un teatro es la casa de un artista. Si bien allí ingresa el público donde nosotros los tenemos que recibir bien, también los artistas necesitamos lugares donde poder trabajar”, concluye Andrea, quien junto a su esposo retornan a Buenos Aires, la generosa ciudad que los ha acogido como artistas.

“Los bailarines necesitan vivir, la suya es como cualquier otra profesión. En otros países a los bailarines se les paga muy bien. Es una carrera muy exigente, muy corta y muy honorable pues genera respeto y reconocimiento en la comunidad”

David Robin Sturmer
–Maestro internacional de danza
Es un gran maestro de la danza requerido a nivel internacional por los mejores bailarines y compañías como es el caso de Oper Kiel, Oper Bonn o State Theater Wiesbaden en Alemania. Enseñó en el Ballet Argentino de Julio Bocca, en el Teatro Colón y en el Teatro San Martín como Principal ballet master y asistente. En el prestigioso Teatro Argentino de la Plata trabajo junto a ocho diferentes directores. Lo invitan a enseñar en compañías y escuelas, entre ellas la Escuela del Ballet Oficial de Bolivia, Ballet Koi Rosario Argentina, Escuela de Ballet Cubano Boliviano, entre otras como el Ballet Real de Nueva Zelanda, el de Deborah Colker, el Ballet Nacional Perú y Ballet Municipal de Lima. Vive hace 20 años en Sud América.

Andrea Carolina Escobar
–TALENTO BOLIVIANO
Paceña de nacimiento emigró a Argentina, como tantos talentosos bailarines bolivianos para buscar espacios que les permitan vivir de la danza.
Decidió hacer ballet luego de ver en televisión El Lago de Los Cisnes, cuando era muy pequeñita. Estudió en La Escuela de Ballet Oficial de Bolivia y trabajó con el Ballet de Cámara de La Paz Bolivia. Realizó cursos de perfeccionamiento en el Teatro Colón de Buenos Aires. En esa ciudad bailó con el Ballet del Mercosur de Maximiliano Guerra, con el Ballet Argentino de Julio Bocca, con el Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga, con el Teatro San Martin de Córdoba y el de Salta. En Nueva York fue la principal guest dancer de Ajkun Ballet Theater. A India la invitó el Ballet New Delhi como primera figura. En 2012 decide trabajar como bailarina independiente para impartir talleres y asesorar a escuelas y compañías, ahora junto a su esposo David Sturmer.

“Trabajar con compañías de danza es mucho más que una carrera, es una forma de vida, un trabajo profesional, casi una religión”




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