domingo, 14 de febrero de 2016

El arte de las tablas tiene un nicho importante en Sucre


INFLUENCIAS

"Yo ya seguía el Teatro de los Andes cuando estaba en el colegio"
Daniel Aguirre
ACTOR

Daniel Aguirre demostró ser el artista escénico sucrense más importante de su generación. Con más ganas que formación, su carrera llegó más allá de lo que se podía esperar de un talento chuquisaqueño, en una ciudad de Sucre de principios del 90 que no tenía ni siquiera pensadas las formas institucionales de impulsar el talento de sus promisorios creativos.

Y es que el Gordo Méndez, a quién Aguirre interpretara tiempo después como parte del Teatro de los Andes, ya desde muy joven sucumbió a sus pulsiones creativas. Él recuerda cómo en el colegio, en la más tierna de las edades, hizo teatro alentado por una de esas profesoras especiales que a veces llegan a la vida de un niño. Verdaderos maestros que impulsan los espíritus hacia la vocación y no solo a una carrera. En el caso de Daniel fue Elizabeth Herrera, profesora de lenguaje en el Sagrado Corazón.

A mediados del 90, mientras estudiaba ingeniería comercial en Santa Cruz formó un proyecto de teatro universitario. Un grupo que se llamaba “Nosotros dos” en el que trabajó durante seis años hasta el 2000, el mismo que aún está vigente bajo la dirección de Roger Quiroz. El proyecto se convirtió en un elenco connotado en la escena cruceña y por donde pasaron diversos artistas como el ahora galardonado director de cine, Rodrigo Bellot.

En medio de ese proceso, ocurre un quiebre ¿Aguirre estaba estudiando ingeniería comercial o teatro? Ese era un aspecto indefinido quizás hasta entonces, según relata el actor y director chuquisaqueño. Un taller con el Teatro de los Andes en 1997, fue el punto de inflexión en el que decidió dedicarse profesionalmente al teatro.

Luego se unió al director Italiano Fiore Zulli presentando “Los tambores del Ogro”. Un grupo actoral influido por el teatro italiano de comedia, cuyo performance estaba basado en la interpretación escénica con sancos y que empleaba elementos de la danza y percusión. Durante varios años bajo la dirección de Zulli, Aguirre desarrolló proyectos de teatro comunitario con las culturas del oriente boliviano y el apoyo de la cooperación extranjera, pero también participó de la reposición de la obra “El Cuento del Karay”, con la que realizó giras nacionales e internacionales y actuó en festivales de Chile, Costa Rica, Ecuador y Francia.

El Teatro de los Andes convocó a un taller intensivo en el que Aguirre se destacó y llegó a formar parte del elenco durante diez años, su carrera empezaba a consolidarse definitivamente.

“Yo ya seguía el Teatro de los Andes cuando estaba en el colegio, me parecía un lenguaje muy extraño, muy distante para lo que yo pensaba, luego de trabajar con Zulli me introduje en todo esto y al ir a un taller por un año al Teatro de los Andes, me terminé quedado diez años, aprendiendo, investigando y creando colectivamente sobre el lenguaje del teatro, ese fue el espacio de formación más largo en el que he estado”, recuerda Aguirre.

Con este elenco de teatro reconocido mundialmente bajo la dirección y dramaturgia de César Brie, formó parte de casi una decena de obras, ejerciendo diversos roles desde él trabajó en producción hasta la actuación. En compañía de Brie llegó a gestar un monólogo, una obra unipersonal acorde para Aguirre, ya un actor maduro, capaz de encarar este reto en las artes teatrales. Así se puso en escena “120 Kilos de Jazz”.

Con esta obra, Aguirre se independizó de ese elenco monumental y reorientó sus perspectivas hacia otro gran referente del teatro latinoamericano, el teatro Mala Yerba de Ecuador, bajo la dirección de Arístides Vargas, durante cinco años.

A partir de entonces una serie de proyectos fueron encarados por Aguirre en los escenarios de Ecuador y Bolivia, entre los que se podría destacar el realizado con la actual directora de la Escuela Nacional de Danza del Ecuador, Josie Cáceres, que junto a varios artistas de Mala Yerba crearon una obra que se llamó “Arritmias”.

“Era una obra de movimiento y voz que fue el resultado de cinco meses de investigación, que abordaba las relaciones de pareja y el mar, como metáfora poética”, apunta Aguirre.

A su retorno el actor y director chuquisaqueño pone en marcha el Encuentro Internacional de Artes Escénicas y empieza un emprendimiento pedagógico para impulsar a los creativos sucrenses, quizás para no dejar al azar el rumbo de los jóvenes talentos de la Capital.

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