sábado, 23 de enero de 2016

Santiago Chungara, el lutier que vino desde Cochabamba



La necesidad lo empujó a buscar un trabajo y aprendió el arte de fabricar guitarras y charangos de manera práctica, además de reparar cualquier instrumento musical de cuerdas. La búsqueda de oportunidades lo trajo a Tarija y actualmente los trabajos del lutier Santiago Chungara son buscados por su acabado y calidad sonora.
Entre guitarras que cuelgan para secar del último barnizado, Chungara empezó a contar cómo llegó a aprender el oficio que practica. De padres orureños, nació en Cochabamba hace 59 años. Cuando tenía 13 años la separación de sus padres lo dejó solo porque cada uno de ellos tomó otra pareja, y tuvo que buscar un trabajo para mantenerse.

Aprendiz
De esa manera llegó como aprendiz a un taller donde fabricaban charangos, “propiedad de un señor que se llamaba Alberto. A los aprendices no nos pagaban, nos daban un desayuno y un almuerzo”, recordó, pero ese fue el lugar donde empezó a aprender a construir esos instrumentos, “que era lo más básico porque se los hacía de madera tosca”.
¿Escuela? Si, hizo escuela, pero solo hasta segundo intermedio y en una unidad educativa nocturna. Ese fue otro efecto de la separación de sus padres, tuvo que empezar a trabajar para mantenerse. “Simplemente me quedé solo y debía trazar mi vida”, apuntó nostálgico.
Luego empezó a trabajar en diversas fábricas de Cochabamba y Quillacollo y llegó a los talleres “Inti”, de Francisco Mancilla, un maestro constructor que lo especializó en la elaboración de guitarras. Durante ocho años bebió de los conocimientos de quien lo contratara y quien actualmente radica en Estados Unidos.
“A Tarija ya me vine sabiendo todo”, sostuvo al recordar que también pasó por la factoría “Gamboa”, pero en este lugar las cosas eran diferentes, el propietario celoso de la constricción de sus instrumentos lo hacía de manera diferente, unos hacían una parte, otros otra y una guitarra salía de unos seis maestros y era prohibido saber lo que hacía uno del otro.
“En cambio el maestro de “Inti” no, te daba la madera y uno debía entregar el instrumento acabado, una guitarra sale de unos tres tipos de madera, existen diferentes calidades, de mara, nogal, jacarandá, algarrobo, son maderas buenas y de calidad”, recomendó.
Nunca pasó un curso o taller para elaborar instrumentos de cuerda o repararlos, todo su aprendizaje se debió a la experiencia que adquirió con los años. Vive en Tarija desde hace 22 años, se casó con una tarijeña, Teolinda Ortega, tiene 3 hijos varones y cuatro nietos.
“Me vine porque Cochabamba estaba saturada de artesanos que construyen instrumentos de cuerda, charangos y guitarras –contó- y observé por ese tiempo que en Tarija no era así y me vine. Los primeros años, unas cinco tiendas solicitaban mis trabajos, pero ahora virtualmente el mercado se llenó de guitarras chinas y la madera con las que se elaboran ya no es la misma, han prohibido la tala y la materia prima está restringida. La madera que actualmente utilizo es de unos 15 años atrás”.
Si bien la demanda de sus trabajos es a nivel regional, también recibe pedidos del interior del país y últimamente de Chile. “Gracias a que tengo un hermano en ese país que trabaja con un tráiler. Una vez llevó una guitarra y desde entonces él me trae pedidos porque, según me comentó, tienen buena calidad”, dijo con modestia.
También repara instrumentos, estén en el estado que estén, guitarras, charangos, mandolinas, violines y cualquiera que sea de cuerda. Recordó que una vez le trajeron los restos de una guitarra en una bolsa de plástico negra y que la retornó en óptimas condiciones.

Una buena madera para construir una guitarra

“Se empieza desde la madera, ver aquella si es buena o mala. Antes utilizaba mucho madera mara, actualmente uso el nogal, que es la que más hay en Tarija, no hay otra. La cara de la caja de resonancia tiene que ser de pino, otros la hacen de pura venesta traída de Santa Cruz. Una guitarra de estudio, que son las de mejor calidad, tiene un precio de 800 bolivianos y se tarda cuatro días en construirla”. Santiago Chungara.

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