lunes, 30 de noviembre de 2015

Contra la corriente Allegro Ballet Estudio

Con la danza en el alma

UN AMOR QUE NUNCA SE ACABA

En su lecho de muerte y atacada por una severa pleuresía, Anna

Pávlova, la legendaria bailarina rusa, miró a sus acompañantes y les pidió: “Alisten mi traje de cisne… y toquen el último compás muy suavemente”.

Esta pasión por la danza suele ser un rasgo común entre los bailarines profesionales, para quienes el ejercicio de su arte es parte de su vida misma.

Este tipo de compromiso es el que impulsa a personas como José Luis Montaño y Nadiuska Mancilla, quienes apuestan por la enseñanza del ballet clásico en un contexto dominado por los bailes folclóricos.

La escuela de danza Allegro Ballet Estudio comenzó a trabajar el año 2010, y desde ese entonces, Montaño –bailarín profesional, fisioterapeuta y kinesiólogo– se dedica a formar nuevas generaciones de bailarines clásicos.

“Nosotros nos especializamos en la enseñanza de la técnica de danza clásica, el ballet clásico. Nuestro objetivo es hacer que este género de la danza se difunda con mayor fuerza”, apunta sobre la misión de esta academia, que en sus inicios recibió apoyo y tutoría del maestro Nelson Silvestri.

“A partir de eso quisimos continuar su trabajo y formar gente nueva, proyectándola a niveles más avanzados”. Una de las estudiantes de Allegro

Ballet Estudio que llegó a ese punto es Florencia Claure, de 17 años, quien hace medio año ganó una beca para continuar su entrenamiento artístico en la Escuela de Artes Interlochen Center for the Arts, de Michigan (Estados Unidos).

Claure comenzó su formación con Montaño desde los 10 años, pero él reconoce que “mientras más antes mejor”. “Nosotros estamos recibiendo [estudiantes] desde los cuatro años, y dependiendo de la respuesta de los niños, puede ser edades más pequeñas. Lo que nos interesa es que puedan seguir órdenes, que atiendan a las dinámicas, que puedan controlar su conducta”.

Como explica, el trabajo en esas edades apunta al desarrollo y afianzamiento de hábitos que una persona que practica ballet profesionalmente debe mantener durante su vida (disciplina, orden, puntualidad, sensibilidad artística) y de introducción a la técnica del ballet (psicomotricidad), corrigiendo vicios posturales, de modo que se eviten futuras lesiones.

Es desde los 13 años, aproximadamente, que las niñas pueden empezar a trabajar “en puntas”, siempre y cuando sus cuerpos demuestren estar listos para tal exigencia (“en pointe” implica moverse armoniosamente mientras todo el peso corporal recae en las puntas de los dedos de los pies, sobre todo los pulgares).

Como explica Montaño, esta danza, más que de dificultad, se trata de disciplina y práctica, de trabajo arduo, que es recompensado en momentos como la próxima presentación pública que alrededor de cuarenta estudiantes de esta escuela de ballet clásico ofrecerán en Cochabamba, nuestra “tierra del folclore”.

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