sábado, 6 de julio de 2013

Jaime Quispe, el guardián de la Casa de Pedro Domingo Murillo

Mientras camina por el patio de la Casa Museo de Pedro Domingo Murillo no deja ni un instante de observar con atención a los visitantes y escudriña a la vez cada detalle del inmueble.

Se trata de Jaime Quispe Surco, quien desde hace 17 años resguarda el lugar y se encarga del mantenimiento y varias labores.

“Mi trabajo principal es cuidar el patrimonio que se guarda en esta casa histórica, velar por su integridad y atender cualquier problema que pudiera existir”.

En el museo ubicado en la calle Jaén se encuentran, entre otras obras de arte y objetos del periodo colonial, los muebles y pertenencias de Pedro Domingo Murillo.

“Es un privilegio poder trabajar en esta casa tan llena de historia” señala Jaime quien mientras conversa, se encarga de dar la bienvenida a los visitantes.

Su lugar favorito es el oratorio, pero también dice sentirse a gusto en cualquier ambiente.

“Con el tiempo uno se va acostumbrando a las salas y oficinas, y después de tantos años todos los lugares guardan recuerdos especiales y se convierten en lugares favoritos”, señala.

Sobre el oratorio, Quispe cuenta que muchas veces, mientras los cuidadores y personal de mantenimiento se distraen, los visitantes aprovechan para arrodillarse y rezar como hace más de 200 años lo hacía también el protomártir paceño.

“Es algo que hacen personas devotas y generalmente jóvenes, quienes se sienten sobrecogidos por las imágenes y por la historia del lugar, rico en recuerdos”.

La calle Jaén, donde se encuentra el museo, es muy conocida por sus historias de aparecidos, fantasmas y sucesos sobrenaturales; sin embargo, Quispe asegura que no tiene miedo ya que pese a haber escuchado estas historias por mucho tiempo, no experimentó nunca alguna aparición. Aunque sí admite que ocurren cosas extrañas.

“Se escuchan ruidos, como en todas las casas antiguas, la madera cruje en cualquier momento y sin razón aparente; a veces las cosas cambian de lugar sin motivo y la casa en sí es un lugar pesado, pero nunca he tenido la oportunidad de ver un fantasma”, afirma.

Mientras conversa, personal de mantenimiento le pide su opinión acerca de algunas labores, pues cada vez está más cerca la celebración de las fiestas julias, la época en la que el lugar recibe más visitas.

Quispe conoce tan bien la casa y todos sus detalles, que ante cualquier duda o problema que detectan los trabajadores, no duda en dar una rápida y efectiva solución.

“Son habilidades que uno aprende con los años”, dice. Luego sonríe.

Un grupo de visitantes baja por las gradas que dan al patio mientras el encargado de museo revisa el piso de piedra. Se trata de niños de un kínder cercano acompañados por sus profesoras. Lo saludan ruidosamente y él sonríe tímidamente bajo sus lentes de gruesa montura.

Todo lo que sabe sobre el museo lo aprendió a base de experiencia: los cuidados que necesita cada objeto, las condiciones en las que puede ser expuesto y debe guardarse; así también cómo y cuando los ambientes deben ser cerrados temporalmente para ser refaccionados.

“El tiempo te enseña todo lo que necesitas saber y después de casi 20 años uno aprende bastante acerca de su lugar de trabajo”.

Quispe es requerido por el personal, sonríe una vez más antes de despedirse y salir raudo. Los niños del kínder salen por la puerta principal y se despiden de él. Se llevan el recuerdo de haber estado en una casa histórica.

La historia y la cultura se volvieron parte importante de su vida


Jaime Quispe Surco, encargado de la Casa de Murillo, cuenta que estudió para ser técnico electricista, pero su destino cambió y ahora obtiene el sustento de una manera diferente.

Su apego por la cultura nació luego de trabajar como ayudante en la Biblioteca Municipal, en la década de los años 80. En 1984 fue destinado a trabajar en los museos municipales. “Al principio como encargado del sistema eléctrico y luego como encargado de mantenimiento”. En 1996 fue destinado a la Casa Museo Murillo.

No se arrepiente de haber tomado el trabajo ni de no ejercer su profesión, aunque sí emplea sus conocimientos en varias actividades. Y entre las tareas de mantenimiento, vigilancia y administración de la casona aprendió bastante de historia

Por ejemplo, cuenta que, según investigaciones sobre este inmueble, ubicado en la calle Jaén 790, se sabe que no fue de propiedad de Pedro Domingo Murillo, pero éste pasó allí un buen tiempo escondido. La casa era de Juan Ramón de Loayza, otro revolucionario del 16 de julio de 1809.

Murillo nació en La Paz el 17 de septiembre de 1757. En 1805 formó parte de un grupo que conspiró contra el dominio español y se sublevó el 16 de julio de 1809 junto a los patriotas.



HOJA DE VIDA


Inicios Nació en La Paz en 1955 y estudió en el colegio Don Bosco


Estudios Fue alumno de la UMSA, carrera de Ingeniería Eléctrica.


Carrera Es encargado de la Casa Museo Murillo desde 1996.

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