jueves, 5 de abril de 2012

El Fitaz galardona su amplia trayectoria Marcos Malavia es premiado con el Kusillo de La Paz

La labor del artista fue reconocida, junto a la del argentino Carlos Ianni.

Marcos Malavia, creador y director de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz, fue galardonado ayer con el Kusillo de La Paz en la categoría Nacional al culminar la octava versión del Festival Internacional de Teatro de La Paz, Fitaz. En la categoría Internacional, el reconocimiento fue para el argentino Carlos Ianni, director del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (Celcit), en Argentina. El Kusillo de La Paz es un premio instituido por el Fitaz, consiste en una estatuilla de estaño que se otorga en dos categorías, la Nacional y la Internacional, con el objetivo de reconocer a personas o instituciones por su destacada trayectoria en la actividad teatral, según el catálogo del Fitaz 2012.

El reconocimiento a dos aportes valiosos. Maritza Wilde, directora general del Fitaz, afirma que el Kusillo de La Paz, en la categoría Nacional, fue otorgado a Marcos Malavia por su gran aporte al desarrollo del teatro en Bolivia con la creación de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz, de la que, actualmente, Malavia es titular. Por otra parte, Wilde expresa que Carlos Ianni, director del Celcit filial Argentina desde 1987, es merecedor de la estatuilla en la categoría Internacional por la intensa labor que realiza esta institución al ocuparse de la difusión del teatro argentino y latinoamericano a través de distintos medios de comunicación, incluida la internet.

Acerca de marcos malavia. El creador y director de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz nació en Huanuni, Oruro, en 1962. En la actualidad, dirige la Compañía Sourous y un festival de autores en París. Es, además, un destacado dramaturgo, actor y mimo. En 2004, Marcos Malavia crea, con el apoyo de la Universidad Católica Boliviana y la Fundación Hombres Nuevos, la Escuela Nacional de Teatro. Según escuelateatro.com.bo, el perfil de los profesionales de este centro de formación artística tiene como base una clara metodología de trabajo y una formación que posibilita encarar un proyecto artístico de calidad a escala local, nacional e internacional. También están incluidas la solidaridad social y cultural con la realidad del tercer mundo. Otro aspecto formativo es la capacidad de trabajo, para responder a los desafíos planteados por la situación social actual.

Sobre carlos ianni. El galardonado es también Director Adjunto del Instituto de Estudios Teatrales para América Latina, Director de la revista Teatro Celcit y de las colecciones Dramática Latinoamericana y Teatro: Teoría y Práctica, y colaborador de varias publicaciones teatrales del mundo.

2004 es el año de creación de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz, cuyo aporte es muy valioso.

“El teatro boliviano está en un muy buen momento, lo que queda es desear la continuidad de los trabajos todo el tiempo, que los estrenos y propuestas sean más seguidas”.

Maritza Wilde / DIRECTORA GENERAL DEL FITAZ

Teatro contemporáneo: Provocaciones y encuentros PROPONE una REFLEXIón SOBRE ESTE ARTE ESCÉNICO en la actualidad. Ayer se presentó la publicación de la memoria titulada Teatro Contemporáneo: Provocaciones y Encuentros, en la que se encuentran plasmadas ponencias de Diego Aramburo, Claudia Eid, Mónica Velásquez, Antonio Peredo, Jorge Dubatti, Javier Daulte, Soledad Ardaya, Omar Rocha y Eduardo Calla. En el acto estuvieron presentes Juan Carlos Orihuela, director de la Carrera de Literatura de UMSA; Maritza Wilde, directora del Fitaz; Omar Rocha, docente de la Carreta de Literatura de la UMSA, y María Luisa Tapia, representante del Espacio Patiño. Esta memoria es el resultado de un encuentro de tres días que se llevó a cabo en el marco del Fitaz 2010 y que contó con el auspicio de la Fundación Patiño, la carrera de Literatura, el Instituto de Investigaciones Literarias y la colaboración de la Unión Latina.

CAMILA DE URIOSTE / Columnista

Argentina, en el Fitaz con el Bululú

En todo festival de teatro hay obras buenas, regulares, y algunas malas. El público disfruta de estas obras o no, según su gusto, y la crítica se ocupa de analizar la puesta, la dirección, las actuaciones, etc. De vez en cuando, sin embargo, aparece una obra como El Bululú, una que es imposible analizar en frío, imposible no disfrutar porque lo que sucedió sobre el escenario es magia. O parece magia, pero lo que conmueve de veras es que no es magia sino el poder del teatro, del encuentro; el misterio de la vida y la fuerza descomunal del alma humana. Osqui Guzmán es un gran actor, de ésos de los que hay un puñado en cada generación. Sin embargo, su monólogo basado en textos del siglo de oro español no es maravilloso sólo por la gran actuación. Es maravilloso porque ese actor ha decidido subirse a un escenario para mostrar la hilacha, para revelar las costuras de su vida misma y compartir, a través de su talento, un pedazo de su vida. Entonces, por unas horas, para las cientos de personas reunidas en ese teatro no hay soledad, no hay frío. Nada tirita, nada. Y mucho menos bajo el polvo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario