lunes, 13 de junio de 2011

Patricia Mariaca ha regresado de una incursión al desierto. El 15 de junio inaugurará una exposición en el Museo Nacional de Arte

La exposición Espejismo nómada que Patricia Mariaca inaugurará en el Museo Nacional de Arte el miércoles 15 de junio es varias cosas a la vez. Es una exposición de pinturas, de grandes pinturas pensadas y pintadas tomando en cuenta las dimensiones del espacio de las salas del museo. Es también una muestra de objetos, una muestra de los cuadernos de pintura que acompañaron a la artista en el proceso creativo. Y podría decirse que es también una instalación porque esos y otros elementos configuran una dinámica espacial, temporal y sensorial.
Pero decir que Espejismo nómada es varias cosas a la vez va un poco más allá. Decir, en primer lugar, que es una exposición de pintura es un dato relevante, porque Mariaca viene de una serie de experiencias artísticas que han implicado no solo otros formatos o soportes sino también otras experiencias, como su trabajo de registro fotográfico y de testimonios de migrantes bolivianos en España.
En contraste con esas experiencias, la pintura es íntima. “El ejercicio de la pintura”, dice la artista, “te mete en ti mismo. Yo estaba trabajando en proyectos que involucran a mucha gente. De pronto eso se cortó y regresé al taller, a las cosas que, de alguna manera, había dejado”.
Se cortó de golpe porque Patricia Mariaca emprendió un largo viaje, al África, a Mauritania, donde reside actualmente. En ese sentido, Espejismo nómada es también una experiencia de viaje, de exploración y descubrimiento.
Esta exposición nace, literalmente, de los cuadernos de Patricia Mariaca, de esos registros cotidianos y directos, casi a la manera de un diario, con los que enfrentó el nuevo entorno en el que vive y trabaja.
Pero también, y al mismo tiempo, Espejismo nómada, es una experiencia y un proceso de comunicación. “En Mauritania no podía hacer fotos”, cuenta la artista, “por razones culturales, una cámara fotográfica es algo muy violento para la gente de allí.
La comunicación que puedes lograrse corta totalmente si aparece una cámara. Por ello, la única manera de registrar era pintando. Cuando alguien te ve dibujar o pintar, inmediatamente nace una comunicación.
A veces silenciosa, a veces participativa, pero una comunicación. La pintura, entonces, se vuelve otra vez un
medio de comunicación”.
Y, de manera muy concreta, muy material se diría, Espejismo nómada es una experiencia del desierto. “El desierto es algo que te avasalla”, dice Patricia Mariaca. “Una amiga, una artista portuguesa que vive en Mauritania me fue dando una especie de instrucciones sobre el desierto.
Cuando llegues ahí, me decía, te vas a dar cuenta por qué en el desierto se inventaron las religiones monoteístas. Eso me impresionó, me quedé con esa idea. Llegas ahí y eres tú y el espacio. Es muy extraño, es más que existencial, es la sensación de la pertenencia a un planeta. Ahí estás y sientes que todo se mueve, que todo cambia, que no hay nada estático. Es como tu vida. Puedes volver a ese paisaje pero no es el mismo paisaje.
La arena avanza. Las dunas cambian. Los colores cambian”. Las grandes pinturas que integran Espejismo nómada tienen también su propia historia. “Después de pintar en el lugar, volvía a mi casa”, cuenta Mariaca, “volvía cargada con esas imágenes. Entonces empecé a pensar cómo continuar esos cuadernos. Si los hacía sobre tela, eso ya era un cuadro, y yo no quería cuadros, solo quería continuar en un espacio más grande.
Ahí fue que comencé a usar los papeles de embalaje en los que habían llegado mis cosas. Intuitivamente guardé esos papeles. Y estaban ahí esperando.
Todo calzaba perfectamente, como un rompecabezas que se va armando y se va entendiendo según se lo va armando. Son papeles preparados. Cada obra es muchas obras porque he pintado muchas veces encima. Yo pienso que esto es como es uno.
Son capas que a veces no ves, no ves lo que está detrás, pero existe. Hay un contenido más fuerte que el que puedes
ver. Así, pintando una y otra vez, los papeles dejaron de ser frágiles, tienen materia. El papel también ha ido cambiando como cambia el desierto.
ESPEJISMOS. Las dos palabras que componen el título de la exposición (Espejismo nómada) tienen claras resonancias del desierto. “En el desierto”, cuenta Patricia Mariaca, “mientras te vas moviendo aparecen en el horizonte espejismos. Las cosas se mueven, se acercan o se alejan. Por el efecto del calor, parece que flotan.
Estás en un ambiente en el que no sabes lo que es real. Yo hablo de espejismos nómadas porque pienso que los espejismos no te los da el desierto, uno va al desierto con sus propios espejismos. Te mueves con ellos. Viajas con ellos. Cuando estás en el desierto, viene tu pasado, tus historias, las cosas que tienes que resolver.
No es el lugar, eres tú. Sólo que en el desierto eso se evidencia”. El miércoles 15 de junio, en las salas del Museo Nacional de Arte, el de-sierto saldrá de los cuadernos de Patricia Mariaca y se posesionará del lugar.

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